Publicidad subliminal: ¿mito o realidad?

“Los hombres en gran medida se ven impulsados por motivaciones que se ocultan a sí mismos.”
Edward Bernays

La publicidad subliminal ocupa un lugar particular en la historia del marketing. Durante décadas se ha hablado de anuncios capaces de introducir mensajes en nuestra mente sin que nos demos cuenta, de palabras escondidas en imágenes y de estímulos que podrían llevarnos a comprar determinados productos contra nuestra voluntad. La idea resulta inquietante, pero también plantea una pregunta mucho más interesante desde la perspectiva de Cerebro y Marca: ¿hasta qué punto puede una marca influir en nosotros sin que seamos conscientes de esa influencia?

Para aproximarnos a esta pregunta hay que comenzar por Edward Louis Bernays (1891-1995), considerado uno de los fundadores de las relaciones públicas modernas. Sobrino de Sigmund Freud, Bernays incorporó algunas ideas del psicoanálisis y de la psicología de masas a la comunicación persuasiva. Su planteamiento partía de una premisa que sigue siendo fundamental para el marketing: las personas no siempre conocemos las verdaderas razones que explican nuestras decisiones. Podemos pensar que elegimos un automóvil por sus características técnicas, cuando nuestra decisión también puede estar relacionada con el estatus, el reconocimiento o la necesidad de pertenecer a determinado grupo.

Bernays no desarrolló la publicidad subliminal en el sentido estricto del término. Su aporte fue comprender que la persuasión podía actuar sobre motivaciones, emociones, símbolos y asociaciones que no necesariamente pasan por una deliberación racional consciente. Su libro Propaganda, publicado en 1928, se convirtió en una referencia fundamental para entender esta nueva concepción de la comunicación persuasiva.

La palabra propaganda, por otra parte, es mucho más antigua que Bernays. Su origen moderno se encuentra en la Congregatio de Propaganda Fide, creada por el papa Gregorio XV en 1622 para promover la expansión de la fe católica. Bernays utilizó posteriormente el término para referirse a la organización sistemática de la opinión pública, mientras que durante el siglo XX adquirió una connotación particularmente negativa por su utilización en la propaganda política de regímenes totalitarios, entre ellos la Alemania nazi.

El nacimiento del mito subliminal

La historia de la publicidad subliminal tiene como protagonista a James Vicary, quien en 1957 afirmó haber realizado un experimento en un cine de Nueva Jersey. Según su relato, durante la proyección de una película se mostraban durante fracciones de segundo los mensajes “Drink Coca-Cola” y “Eat Popcorn”. Los espectadores supuestamente no podían percibirlos conscientemente, pero Vicary afirmó que las ventas de Coca-Cola habían aumentado 18 % y las de palomitas 57 %.

La historia provocó una enorme preocupación. Si una persona podía ser inducida a comprar algo sin saber siquiera que había recibido un mensaje, parecía que la publicidad había descubierto una forma de manipulación prácticamente invisible. El problema es que el famoso experimento nunca llegó a demostrar científicamente aquello que se le atribuyó. Posteriormente, Vicary reconoció que había exagerado o fabricado los resultados, convirtiendo aquel supuesto experimento en uno de los mitos más persistentes de la historia de la publicidad.

Y aquí aparece una paradoja fascinante: el experimento que convirtió a la publicidad subliminal en una leyenda fue, en sí mismo, una forma de persuasión.

¿Qué significa realmente “subliminal”?

Para entender el debate es necesario diferenciar sensación, percepción y procesamiento subliminal. La sensación es la captación de estímulos físicos del entorno por nuestros órganos sensoriales. La percepción es el proceso mediante el cual el cerebro organiza e interpreta esa información para darle significado.

La palabra subliminal procede del latín sub, “debajo”, y limen, “umbral”. Un estímulo subliminal es, por definición, aquel que se presenta por debajo del umbral de percepción consciente. Por eso, un mensaje subliminal no es simplemente un mensaje escondido. Lo fundamental es que la persona no sea consciente de haber percibido el estímulo.

Esta distinción permite separar tres fenómenos que suelen confundirse. En la persuasión consciente, sabemos que estamos recibiendo un mensaje publicitario y podemos evaluarlo, aceptarlo o rechazarlo. En la influencia implícita, un estímulo puede modificar nuestras asociaciones, preferencias o respuestas sin que seamos plenamente conscientes de la influencia que ejerció sobre nosotros. En la percepción subliminal, el estímulo se presenta de tal manera que no llega a nuestra conciencia, aunque determinados procesos cerebrales puedan registrarlo.

Dicho de una manera sencilla: consciente: sé que me están persuadiendo; implícito: percibo el estímulo, pero no necesariamente soy consciente de su influencia; subliminal: no soy consciente de haber percibido el estímulo.

¿Entonces la publicidad subliminal funciona?

Aquí comienza la parte más interesante. Que el experimento de Vicary haya sido desacreditado no significa que el cerebro sea incapaz de procesar información que no alcanza nuestra conciencia. La investigación psicológica ha encontrado que determinados estímulos presentados de manera subliminal pueden producir efectos posteriores sobre pensamientos, evaluaciones o conductas.

Pero existe una diferencia enorme entre afirmar que un estímulo subliminal puede producir algún efecto y afirmar que una marca puede controlar nuestras decisiones mediante mensajes ocultos. La evidencia científica no respalda esta segunda afirmación.

Un metaanálisis publicado por Charles Trappey en Psychology & Marketing en 1996 encontró una relación extremadamente pequeña entre publicidad subliminal y elección del consumidor, con un coeficiente de correlación de aproximadamente r = 0,0585. Como referencia, una correlación de 0 representa ausencia de relación lineal y una de 1 representa una relación positiva perfecta. Un valor cercano a 0,06, por tanto, representa un efecto muy pequeño.

Un experimento posterior, realizado en 2006 por Johan Karremans, Wolfgang Stroebe y Jasper Claus, introdujo una importante matización. Los investigadores presentaron subliminalmente el nombre de la bebida Lipton Ice y observaron que el estímulo podía aumentar la elección o intención de consumir esa marca, pero principalmente entre las personas que ya tenían sed. En quienes no tenían esa necesidad, el efecto no aparecía.

El resultado es especialmente interesante para el marketing porque sugiere que un estímulo subliminal no funciona como una orden que el cerebro obedece automáticamente. La motivación previa de la persona importa. Un mensaje puede tener mayores posibilidades de influir cuando existe una necesidad o disposición compatible con aquello que propone.

De Subliminal Seduction a Buyology

La preocupación por los mensajes ocultos adquirió otra dimensión con Wilson Bryan Key y su libro Subliminal Seduction, publicado en 1973. Key popularizó la idea de que los anunciantes escondían palabras, formas e imágenes sexuales dentro de sus anuncios para influir inconscientemente en los consumidores. Uno de los casos más conocidos fue un anuncio de Gilbey’s London Dry Gin, en cuyos cubos de hielo Key afirmó encontrar la palabra “SEX” y otras asociaciones sexuales.

Estos ejemplos se hicieron enormemente populares y contribuyeron a construir la imagen de una publicidad capaz de esconder mensajes en fotografías para manipular nuestras decisiones. Sin embargo, encontrar una figura oculta en una imagen no demuestra que haya sido colocada deliberadamente ni que haya producido un efecto psicológico sobre quien la observa. Es necesario distinguir entre una interpretación posterior y una evidencia experimental.

Décadas después, Martin Lindstrom retomó la cuestión desde el neuromarketing en su libro Buyology. Su propuesta parte de una observación más amplia: muchas de nuestras decisiones de consumo no son el resultado de una deliberación racional completamente consciente. Las emociones, los recuerdos, las asociaciones y los estímulos sensoriales participan en la manera como construimos nuestras preferencias por las marcas.

Buyology resulta interesante como puente entre marketing y procesos no conscientes, aunque sus interpretaciones sobre algunos estudios de neuroimagen han sido cuestionadas. Su mayor utilidad para comprender la publicidad subliminal no está en demostrar que las marcas pueden “leer” o controlar el cerebro, sino en recordarnos que una parte importante de nuestra relación con las marcas ocurre fuera de nuestra deliberación consciente.

El verdadero poder puede no ser subliminal

La conclusión, entonces, es menos espectacular que el mito, pero mucho más interesante. La publicidad subliminal existe como fenómeno perceptivo y experimental, pero no existe evidencia que permita atribuirle el poder de controlar nuestras decisiones de compra. Los efectos encontrados en determinadas condiciones son pequeños y dependen de factores como la motivación, el contexto y la relevancia del estímulo.

Quizás por eso la publicidad no necesita realmente esconder sus mensajes para influir en nosotros. Una marca puede utilizar colores, música, rostros, celebridades, historias, aromas, símbolos, repetición y asociaciones culturales de manera completamente visible y, aun así, provocar respuestas de las que no somos plenamente conscientes.

Bernays comprendió hace casi un siglo que nuestras decisiones no siempre tienen las razones conscientes que creemos tener. La investigación contemporánea ha aportado herramientas para estudiar cómo los estímulos pueden influir en nuestra mente sin que tengamos plena conciencia de ese proceso. El error está en convertir esa realidad en la fantasía de un “control remoto” sobre el consumidor.

La verdadera pregunta para el marketing no es, entonces, si existe una palabra escondida dentro de un anuncio. Es mucho más profunda: ¿cuánto de lo que creemos que elegimos conscientemente ha sido previamente construido por las asociaciones, emociones y experiencias que las marcas han instalado en nuestra memoria?

Esa es la pregunta que abordamos en el nuevo episodio de Cerebro y Marca: “Publicidad subliminal: ¿mito o realidad?”

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Temas:

  • La estrategia
  • Psicología del elector
  • Heurísticas y sesgos
  • Propuesta Única de Venta (PUV)
  • Medios y redes sociales
  • Lo que toda campaña debe tener
  • Neuromarketing y política

Profesores:

Laura Cálad
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad de Antioquia, Diseñadora y especialista en Mercadeo de la Universidad EAFIT. Socia fundadora de NARANJO+CÁLAD.

Carlos Naranjo
Psicólogo de la Universidad de Antioquia, publicista de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Estudios Políticos y Magíster en Economía Aplicada de la Universidad EAFIT. Socio fundador de NARANJO+CÁLAD.

Invitado:
Federico Villegas
Publicista y Magíster en Psicología Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha sido director creativo, de comunicaciones y asesor político.

Cómo la sugestión afecta nuestras decisiones de consumo

El papel de la atención en nuestras decisiones de compra

La sugestión y su influencia en el consumidor

La sugestión juega un papel crucial en la toma de decisiones de los consumidores. Desde estrategias de marketing hasta interacciones cotidianas, nuestras elecciones están moldeadas por influencias externas que pueden operar de manera consciente o inconsciente. La publicidad, el diseño de productos y la disposición de los estantes en una tienda son solo algunos ejemplos de cómo se emplea la sugestión para guiar nuestras decisiones de compra sin que necesariamente seamos conscientes de ello.

La limitada capacidad de atención del ser humano

El ser humano tiene una capacidad de atención limitada. No podemos procesar toda la información disponible a nuestro alrededor, por lo que nuestro cerebro selecciona lo que considera más relevante en un momento dado. Esta selección deja espacio para que influencias externas moldeen nuestra percepción y nuestras decisiones.

Un ejemplo clásico de esta limitación es el experimento del gorila realizado por Christopher Chabris y Daniel Simons en 1999. En este estudio, los participantes debían contar el número de pases que realizaba un equipo de jugadores vestidos de blanco. En medio del video, un gorila atraviesa la escena, pero la mayoría de los participantes no lo nota. Este fenómeno, conocido como ceguera por inatención, demuestra cómo podemos ignorar información evidente cuando estamos concentrados en otra tarea.

¿Es posible procesar información a la que no le ponemos atención?

A pesar de que nuestra atención es limitada, existen pruebas de que nuestro cerebro puede procesar información de manera no consciente. Fenómenos como la percepción subliminal sugieren que ciertos estímulos pueden ser captados por nuestro cerebro sin que lleguemos a ser plenamente conscientes de ellos. Por ejemplo, un estudio de 2006 publicado en la revista Neuron demostró que el cerebro puede procesar palabras presentadas de forma subliminal y que esto influye en la actividad neuronal y las decisiones posteriores de los individuos.

Mensajes subliminales en la publicidad

Los mensajes subliminales han sido un tema de debate durante décadas. En teoría, estos mensajes buscan influir en el comportamiento del consumidor sin que este sea consciente de la información presentada. Un caso famoso es el experimento de James Vicary en la década de 1950, en el que afirmó haber aumentado las ventas de palomitas de maíz y refrescos en un cine al proyectar mensajes subliminales como «Bebe Coca-Cola» y «Come palomitas» durante milisegundos en la pantalla. Aunque posteriormente se reveló que Vicary exageró sus resultados, el concepto de la publicidad subliminal sigue siendo explorado por las marcas.

Las empresas también emplean la sugestión de manera sutil, a través de colores, sonidos y diseños que evocan ciertas emociones y comportamientos. Por ejemplo, el uso del color rojo en restaurantes de comida rápida busca estimular el hambre, mientras que la música suave en tiendas de lujo busca prolongar la estancia del cliente y fomentar compras impulsivas.

Así entonces, la sugestión es un poderoso mecanismo que influye en nuestras decisiones de consumo sin que siempre seamos conscientes de ello. La limitada capacidad de atención humana, sumada a la posibilidad de procesar información de manera inconsciente, abre la puerta a estrategias de marketing que aprovechan estos efectos psicológicos. Como consumidores, entender estos fenómenos nos permite tomar decisiones más informadas y reconocer cómo somos influenciados en el día a día.

Principios básicos de la Psicología del Consumidor en la tertulia de Asomercadeo

Tuvimos el gusto de compartir con cerca de 150 asistentes a la tertulia de la Asociación Colombiana de Mercadeo, nuestra conferencia de EN MENTTE sobre los Principios Básicos de la Psicología del Consumidor en la que abordamos la explicaciones fundamentales para entender el tema del estudio de la percepción, aplicada al mercadeo. Dentro de los puntos tratados, hablamos de los conceptos de umbral absoluto, umbral diferencial, percepción subliminal y psicología de la Gestalt.

Finalizamos con la interesante entrevista que le hizo el divulgador científico español Eduard Punset al psicólogo y autor de numerosos libros sobre economía del comportamiento Dan Ariely, en la que analizan el comportamiento económico irracional de los consumidores ante estímulos como la comparación de precios o la palabra gratis, basados en los experimentos que ha realizado el psicólogo israelí en diferentes partes del mundo con su equipo de investigación de la Universidad de Duke. Agradecemos a todos los asistentes y esperamos continuar compartiendo nuestros conocimientos sobre la psicología del consumidor en éste y otros espacios.

Este es el video completo de la tertulia de los Principios Básicos de la Psicología del Consumidor:

Revelando los secretos del mago – Parte 1 de 4


Por: Carlos Andrés Naranjo-Sierra
Hace algunos años apareció un famoso programa de televisión en el que un mago enmascarado se dedicaba a revelar al grueso público, los trucos que había detras de cada ilusión. Desde el conocido acto de partir a un hombre a la mitad hasta como escapar de los grilletes y las cadenas bajo el agua. El mago debía estar enmascarado para proteger su identidad en el circulo de magos y evitar así cualquier inconveniente por romper el código secreto de su comunidad. La idea -o al menos la excusa- para el programa, era que si se revelaban los secretos de la magia, los magos se verían obligados dejar de lado los trucos de siempre a inventar nuevas escenas.

Esta idea me pareció interesante también en el caso de la mercadotécnia y la publicidad, y he decidido retomarla en las próximas columnas de EN MENTTE para que conozcamos algunas ilusiones del mercadeo, repasemos otras que ya hemos visto y pensemos en nuevas ideas para nuestro negocio y nuestros clientes desde perspectivas diferentes, como un aporte más, al conocimiento de los tenderos, comerciantes y gomosos del mercadeo. Espero así mismo, los aportes de los lectores para retroalimentar este tema que nos convoca y así poder tener un horizonte más amplio de las tácticas y estrategias de hoy en día.

Así entonces, he decidido ponerme la máscara para estudiar los trucos más conocidos de la mercadotécnia de productos y servicios, a fin de que se pueda ejercer un análisis crítico sobre éstos, en el que finalmente sea el lector quien decida si los aplica o no, de acuerdo a su visión de negocio y sus necesidades específicas.

Comenzaré entonces definiendo a la mercadotécnia como un campo reciente del conocimiento humano que se encarga de diseñar actividades para incrementar el flujo de bienes, servicios o ideas con el fin de satisfacer los deseos y necesidades de los clientes, la cual en su evolución ha desarrollado infinidad de técnicas con la ayuda de la psicología, la antropología y la economía entre otras, para ayudar al mercadeo y la publicidad. En medio de esta búsqueda los hombres y mujeres de técnicas de mercadeo se han encontrado con descubrimientos muy interesantes que se han aprovechado bien, regular y mal. El espacio para escribir se acaba, así que a partir de la siguiente columna me adentraré con Usted en este apasionante tema.