Una hora tarde y sin papelito: lo que nos enseña una presentación que salió mal

Lenguaje no verbal, expresión oral y preparación: tres lecciones de la fallida comparecencia del expresidente de Colpensiones ante el Senado

Hay presentaciones que se pierden antes de empezar. La de Carlos René Montoya, recién nombrado presidente de Colpensiones, ante la Comisión Séptima del Senado es una de ellas. Llegó una hora tarde, apresurado y confundido, y la presentación que llevaba no le funcionó. Tenía apenas dos días en el cargo y debía sustentar su conocimiento de la entidad que administra las pensiones de más del 80 % de los jubilados en Colombia.

Lo que siguió fue una lección pública —y costosa— sobre algo que vale para cualquier gerente, docente, emprendedor o candidato: cuando uno se presenta ante un público que conoce el tema, el cuerpo, la voz y las palabras cuentan una historia, y esa historia casi siempre es la de cuánto se preparó.

Este no es un juicio sobre la persona. Es un análisis de comunicación: qué percibe una audiencia experta cuando el expositor no tiene el control del contenido, y qué podemos aprender de ello.

1. El cuerpo habla primero: señales de estrés frente al público

Desde los primeros minutos, el lenguaje corporal del expositor fue transmitiendo un mensaje que ninguna diapositiva habría podido corregir. Se balanceaba en la silla, sonreía nerviosamente mirando hacia abajo, se acomodaba el nudo de la corbata, se rascaba la nariz, intentaba abrirse el cuello de la camisa, se mordía los labios, tomaba agua, se cubría la cara con la palma de la mano, cruzaba los brazos y se encogía de hombros.

En psicología de la comunicación, muchos de estos gestos se conocen como conductas autotranquilizadoras o adaptadores: movimientos que hacemos, casi siempre sin darnos cuenta, para regular la incomodidad. Tocarse la cara, el cuello o la corbata; beber agua con frecuencia; balancearse. Son la forma en que el cuerpo intenta calmarse cuando la situación lo desborda.

Conviene hacer una precisión importante: estos gestos no indican que alguien esté mintiendo. Ese es un mito muy extendido. Lo que sí indican, sobre todo cuando aparecen agrupados y de manera repetida, es estrés, inseguridad o pérdida de control. Y eso es exactamente lo que lee una audiencia:

  • La mirada hacia abajo y la sonrisa nerviosa comunican sumisión y falta de confianza en lo que se dice.
  • Los brazos cruzados y el encogimiento de hombros sugieren cierre, resignación o incapacidad para responder.
  • Las manos en la cara y el cuello revelan que el expositor está más ocupado en calmarse que en convencer.
  • La búsqueda de un apoyo externo —leer la pantalla, mirar a su asesora— muestra que el conocimiento no está en la persona, sino afuera.

Un público experto no necesita formación en lenguaje no verbal para captar todo esto. Lo percibe de forma intuitiva y, en un escenario competitivo como un debate de control político, lo interpreta como una señal de vulnerabilidad. Como dice el guion original de este análisis: los tiburones sintieron el olor a sangre.

2. Las palabras que hunden: errores de expresión oral

Si el cuerpo mostraba inseguridad, las palabras la confirmaron. Vale la pena revisar algunas frases, porque cada una ilustra un error frecuente al hablar en público.

La autodescalificación. «Administrativamente a Colpensiones lo estoy entendiendo, porque sería irresponsable decir que conozco la entidad profundamente». La honestidad es valiosa, pero admitir desconocimiento al comienzo de una exposición, sin ofrecer a cambio un plan o una ruta, equivale a entregarle al auditorio el argumento con el que lo van a cuestionar.

La anécdota fuera de lugar. Para mostrar dominio del tema, mencionó que había hecho su tesis de grado sobre la Ley 100: «Entonces para mí es como Navidad». El recurso buscaba generar cercanía, pero frente a senadores que esperaban cifras y diagnósticos sonó a ligereza y búsqueda de indulgencia. Los recursos retóricos funcionan cuando refuerzan un contenido sólido; cuando lo reemplazan, lo debilitan.

Confesar la falta de preparación. «No traje papelito». Una frase así, dicha en voz alta ante una comisión, convierte una sospecha del auditorio en una certeza.

La imprecisión en lo esencial. «Estamos descuadrados», acompañado de un gesto de «no importa». Y luego: «Los gastos totales proyectados son equivalentes, más o menos». En temas técnicos, el «más o menos» es letal. Cuando la audiencia espera precisión, las expresiones vagas se leen como desconocimiento.

Abrir una puerta sin poder cruzarla. «Estoy abierto a las preguntas». Invitar a preguntar es una buena práctica… siempre que uno pueda responder. Sin preparación, es invitar al auditorio a confirmar lo que ya sospecha.

Delegar en público. Ante las preguntas, ofreció que su asesora respondiera «a nivel de detalle». El secretario de la comisión recordó que, para que ella interviniera, sería necesario declarar la sesión informal. El salvavidas estaba desinflado. Y el mensaje para el auditorio fue claro: el responsable de la entidad no podía responder por ella.

A esto se suman los titubeos, la explicación confusa del faltante en el sistema público de pensiones y las solicitudes de consideración por lo reciente del nombramiento. Ninguna funcionó. La respuesta de los senadores fue contundente: «Que sea el propio director el que nos explique»; «¿O va a llegar a aprender?»; «Uno tiene que ser coherente: en campaña se dijo que llegan los técnicos a las entidades».

3. La preparación: la única defensa real

El desenlace es conocido: el funcionario dejó el cargo poco después. Y la lección cabe en una frase: cuando uno va a presentarse ante un público conocedor tiene dos alternativas: prepararse muy bien o saber mucho del tema. Lo ideal es ambas. En este caso no ocurrió ninguna de las dos.

La preparación no es solo tener la información. Es lo que permite que el cuerpo se relaje, que la voz suene firme y que las respuestas fluyan. Buena parte del lenguaje no verbal que vimos no se corrige con técnicas de postura: se corrige con dominio del contenido. La seguridad que se ve es, en gran medida, la seguridad que se tiene.

El auditorio lo nota, más si hay enemigos políticos

Una presentación es mucho más que un conjunto de diapositivas. Es un acto de comunicación en el que el contenido, la voz y el cuerpo deben contar la misma historia. Cuando no hay preparación, esa coherencia se rompe y la audiencia —sobre todo si es experta— lo percibe de inmediato.

El caso de Colpensiones es extremo por su visibilidad y sus consecuencias, pero escenas parecidas ocurren todos los días en juntas directivas, salas de clase, reuniones con clientes y entrevistas de trabajo. La buena noticia es que el remedio está al alcance de cualquiera: prepararse. Porque frente a un público que sabe, la improvisación no se disimula: se nota.

Publicidad contracorriente: Cuando una imagen puede desafiar a gobiernos y grandes corporaciones

¿Qué pasa cuando las mismas herramientas que usa el la publicidad y el marketing para vendernos un producto se utilizan para cuestionar el poder de los gobiernos o las grandes corporaciones? Bienvenido al territorio de la publicidad subversiva (subvertising), publicidad contracorriente o contrapublicidad, una disciplina de guerrilla semiótica donde la estética, los colores y los logotipos del mercado se hackean para transformar un mensaje comercial en una crítica social, política o ambiental.

De las «bombas mentales» al sabotaje cultural

Bob Hunter, cofundador de Greenpeace, solía decir que «se logra más con el disparo de una cámara que con el disparo de un arma». Él acuñó el concepto de las «bombas mentales» (mindbombs): imágenes de un impacto visual tan profundo que capturan la atención global y desarticulan el discurso corporativo en segundos. Un bote inflable interponiéndose ante un barco ballenero o la histórica fotografía del manifestante anónimo deteniendo una columna de tanques en la Plaza de Tiananmen en 1989 son ejemplos claros de cómo una imagen puede mover la conciencia pública sin recurrir a la violencia.

Hoy, esta disputa ideológica ya no se libra solo en los medios tradicionales, sino en el control de los relatos y los símbolos. Es aquí donde entra el sabotaje cultural (culture jamming), una estrategia que busca piratear los canales de la cultura de masas para mostrar las verdades incómodas detrás de las marcas.

Tácticas emblemáticas de hackeo publicitario

A lo largo de las últimas décadas, activistas y creadores han utilizado distintas herramientas creativas para disputarle la narrativa a las élites:

  • Parodia visual (Adbusters): El colectivo Adbusters transformó a la icónica mascota de cigarrillos «Joe Camel» en Joe Chemo, un camello calvo y demacrado conectado a quimioterapia. De forma similar, rediseñaron los anuncios de Absolut Vodka mostrando la silueta de la botella flácida (Absolut Impotence) para visibilizar los efectos del consumo de alcohol.
  • Apropiación mediática (The Yes Men): El grupo activista The Yes Men se hizo pasar por voceros de Dow Chemical en una entrevista en vivo para la BBC. Anunciaron que la empresa asumiría la responsabilidad total por la tragedia de Bhopal (India) y pagaría 12.000 millones de dólares a las víctimas. Las acciones de la multinacional cayeron en picada, obligándola a salir a dar explicaciones públicas.
  • Sátira corporativa (Greenpeace vs. Volkswagen): Greenpeace parodió el famoso comercial de Volkswagen del niño vestido de Darth Vader. En su versión, Darth Vader destruía el planeta para denunciar que la automotriz frenaba leyes de reducción de CO2 en Europa, años antes de que estallara el escándalo del Dieselgate.
  • Intervención urbana (Subvertise Shoreditch): En este conocido barrio de Londres, activistas sustituyen periódicamente los carteles publicitarios de las paradas de autobús por ilustraciones críticas sobre la gentrificación, el militarismo y la crisis climática.

Artivismo: Cuando el arte invade el espacio público

La fusión entre creatividad artística y protesta política da lugar al artivismo. Un ejemplo definitivo fue Dismaland, la instalación de Banksy que parodió a Disneyland mediante un parque temático distópico —con un carruaje de Cenicienta accidentado rodeado de paparazis— para cuestionar el consumo superficial y el entretenimiento de masas.

En esa misma línea, el colectivo español Enmedio intervino sucursales bancarias durante la crisis de vivienda pegando retratos gigantes de personas reales afectadas por los desahucios en los cristales de los bancos, transformando la fría arquitectura financiera en un testimonio humano ineludible.

Entender el poder de la publicidad para aprovechar la semiótica cultural, demuestra que el poder de la comunicación no reside únicamente en el presupuesto de una marca, sino en la autenticidad del mensaje. En un entorno saturado de estímulos, las historias con un propósito real y conectado con la sociedad siempre tendrán la capacidad de sobresalir por encima de cualquier discurso prefabricado.

A continuación el episodio completo de nuestro pódcast CEREBRO Y MARCA, al respecto.

Análisis de marketing político de las campañas presidenciales 2026 en Colombia

Hay un dato que resume mejor que ningún otro el giro que dio esta campaña presidencial: los candidatos abandonaron los debates televisivos tradicionales y trasladaron la batalla a plazas públicas, redes sociales y algoritmos de inteligencia artificial. Es un cambio de canal, sí, pero también un cambio de lógica. Ahora más que el debate, se privilegia el espectáculo.

Analizada con una mirada de estrategia de marca y psicología del consumidor —o en este caso, del votante— esta campaña ofrece un caso de estudio especialmente rico. Cada candidato ejecutó, consciente o inconscientemente, un posicionamiento de marca distinto, con su propio arquetipo, su propio gancho psicológico y su propia vulnerabilidad estructural.

El mapa de posicionamientos

Antes de entrar candidato por candidato, vale la pena ver el tablero completo con estereotipos, públicos, ganchos y vulnerabilidades:

CandidatoEstereotipoPúblico primarioGancho psicológicoVulnerabilidad
Iván CepedaFilósofo revolucionarioJóvenes, indígenas, afrodescendientes, sectores ruralesContinuidad izquierda e inclusión históricaFatiga del cambio y dudas sobre gestión del gobierno actual
Paloma ValenciaLideresa pragmáticaClase media urbana, empresarios moderados, mujeresSeguridad y liderazgo femeninoPolarización, cultura machista y asociación con el uribismo
Abelardo de la EspriellaAutoritario tecnocráticoEmpresarios, militares, clase alta o baja aspiracionalOrden / recuperar el control perdidoFragilidad en el discurso y clientes con vínculos delincuenciales en su bufete legal
Sergio FajardoMaestro racionalIntelectuales, profesionales educadosRazón y escape a la polarizaciónInvisibilidad en el ruido político y actitud arrogante

Cada estereotipo no es casual: responde a una lectura de qué necesidad emocional no resuelta puede capturar cada candidato en su segmento. No utilizamos el término «arquetipo» pues suele usarse de forma indiscriminada y no bajo la rigurosidad que implica el modelo junguiano que estructuro la teoría.

Iván Cepeda: la estrategia de la retención, no de la conquista

Con cerca del 40% de intención de voto, según el promedio de encuestas, Cepeda lidera con comodidad, pero su arquitectura de campaña revela algo importante: su mensaje central no busca convencer votantes nuevos, busca retener a quienes ya votaron por el cambio en 2022.

Su táctica de comunicación es defensiva por diseño: minimiza entrevistas con medios tradicionales y prioriza medios alternativos, evitando así lo que podríamos llamar la «trampa del debate», ese terreno donde el establishment mediático termina definiendo al candidato en sus propios términos. En su lugar, apuesta por presencia territorial: plazas públicas, periódicos de campaña impresos y distribuidos masivamente, y el símbolo de la «minga» recorriendo el país.

Desde el punto de vista de marca, es una jugada coherente pero riesgosa: construir sobre la base ya conquistada, sin invertir en adquisición de nuevos segmentos, funciona mientras la base no se erosione. El riesgo es la fatiga.

Paloma Valencia: ambigüedad estratégica como activo

Valencia es la candidata que más ha crecido en las encuestas recientes, acercándose al 18% de intención de voto. Su estrategia combina tres capas de comunicación trabajando en simultáneo:

  • Un mensaje técnico, con un plan de gobierno estructurado en torno a «bombas a desactivar».
  • Un mensaje emocional, condensado en el hashtag #OjoConPaloma, donde «ojo» funciona con doble lectura: cuidado, atención y advertencia frente a Cepeda.
  • Una plataforma de cocreación llamada «Sumando por Colombia», donde los ciudadanos aportan insumos para el plan de gobierno. Es marketing participativo: el votante siente que está construyendo el programa junto a ella, no solo recibiéndolo.

Su vulnerabilidad, sin embargo, es clásica de cualquier estrategia construida sobre polarización antes que sobre entusiasmo propio: si crece el atractivo de otro candidato de oposición, ella pierde terreno, porque buena parte de su respaldo funciona como voto de contención más que como voto de convicción.

Abelardo de la Espriella: el mensaje de la frustración

De la Espriella ocupa el segundo lugar con poco más de un 20% de intención de voto, ha capturando un electorado que podríamos describir como de frustración y demanda de autoridad. Su comunicación se dirige de forma directa al sector empresarial, con un tono de mayor distancia frente al público general y un énfasis constante en seguridad y orden.

Aquí aparece la paradoja más interesante de toda la campaña: su segundo lugar es, en términos de estrategia electoral, el más frágil de todos. En los escenarios de segunda vuelta frente a Cepeda, es el candidato que pierde por el margen más amplio. Tener buena posición en primera vuelta no equivale a tener buena posición en el cierre del embudo.

Sergio Fajardo: el problema de posicionarse en el centro

Fajardo enfrenta el reto clásico de cualquier marca que decide no polarizar en un mercado polarizado: terminar siendo percibida como indefinida. Su mensaje —»si seguimos el camino de los extremos, vamos a una hecatombe social»— posiciona tanto a la izquierda como a la derecha dura como las opciones peligrosas, apostando por la racionalidad como diferencial.

El propio candidato ha reconocido su error estratégico de 2022: no haber entendido a tiempo la potencia de las redes sociales. En esta campaña compensa con una estrategia digital más agresiva —videos, entrevistas abiertas, respuestas directas a las críticas—, apostando por la transparencia como argumento de marca. Pero con apenas 2,5% de intención de voto, el diagnóstico es claro: la polarización del mercado ya jugó en su contra antes de que pudiera comunicar su propuesta.

Claudia López: el costo de no tener mensaje

El caso de López es, desde el marketing, el más ilustrativo sobre la falta de posicionamiento. Su concepto siempre ha estado asociado a la lucha contra la corrupción, pero su cercanía con el gobierno Petro y su silencio antes los escándalos de corrupción del actual mandatario, le pasan factura, aunque intente tomar distancia. Su estrategia de relanzamiento —la «Consulta de las Soluciones»— le permitió reactivar su participación en el debate público después de estar rezagada en las encuestas.

Además, su propuesta —seguridad con enfoque social, desarrollo económico y superación de la polarización— ocupa prácticamente el mismo territorio de marca que Fajardo, solo que con menos tiempo de construcción de credibilidad en ese eje específico. El resultado en intención de voto sugiere que ambos terminarán dividiendo, en lugar de sumar, al mismo segmento de centro.

Lo que esta campaña enseña sobre comunicación de marca

Más allá de quién gane, hay lecciones aplicables a cualquier estrategia de marca:

  • El posicionamiento tardío es estructuralmente débil. No importa qué tan buena sea la propuesta si el mercado —o el electorado— ya distribuyó su atención entre otros actores.
  • La ambigüedad estratégica puede ser un activo, siempre que se maneje con disciplina: hablarle a distintos públicos con mensajes distintos, sin contradecirse, es difícil pero efectivo.
  • Construir sobre retención tiene techo. Apostar únicamente por consolidar la base ya conquistada, sin plan de expansión, es una estrategia que funciona hasta que deja de funcionar.
  • El lugar en el ranking no garantiza el resultado final. Igual que en cualquier embudo de conversión, la posición en la etapa intermedia no predice automáticamente quién gana en la etapa final.

En últimas, esta campaña confirma algo que ya sabíamos desde el marketing de marcas en NARANJO+CÁLAD: la comunicación política y la comunicación comercial comparten mucho más terreno del que solemos admitir. Estereotipos, ganchos psicológicos, segmentación de audiencia y gestión de vulnerabilidades de marca no son solo herramientas de negocio sino que son, cada vez más, el lenguaje con el que se libra también la batalla electoral.

Racionalidad limitada y economía del comportamiento: cómo decidimos el voto (aunque creamos que no)

Durante décadas, la ciencia política y la economía partieron de una premisa equivocada: el votante es racional, compara información y elige la mejor opción. En la práctica, eso casi nunca ocurre. La mayoría de las decisiones políticas se toman bajo racionalidad limitada, usando atajos mentales que simplifican la realidad. Ahí entra la economía del comportamiento y, con ella, una caja de herramientas clave para el marketing político.

De la racionalidad perfecta a la racionalidad limitada

El quiebre lo introduce Herbert Simon, Premio Nobel de Economía en 1978. Su idea es simple y demoledora: los seres humanos no optimizamos, satisfacemos. Tomamos decisiones con información incompleta, poco tiempo y capacidades cognitivas limitadas. No buscamos la mejor opción, sino una que “sea suficientemente buena”.

Sobre esa base, Daniel Kahneman (Nobel 2002), junto con Amos Tversky, demuestra empíricamente que nuestras decisiones están plagadas de sesgos y heurísticas. Más tarde, Richard Thaler (Nobel 2017) lleva estas ideas al terreno económico y político real: consumo, políticas públicas y comportamiento electoral.

Sesgos y heurísticas: economía cognitiva aplicada al voto

Sesgos y heurísticas son atajos mentales. Sirven para reducir el esfuerzo cognitivo. El cerebro ahorra energía. En política, estos atajos explican por qué:

  • Votamos por candidatos que “nos caen bien”.
  • Confiamos en quien parece compartir nuestros valores.
  • Rechazamos datos que contradicen nuestras creencias.

Un sesgo es un error sistemático. No es un fallo aleatorio. Es como disparar a un blanco y errar siempre hacia el mismo lado.

La diferencia clave está en que el sesgo es un atajo que suele llevar al error, mientras la heurística es también un atajo, pero este puede llevar al acierto. En ninguna de las dos ocasiones puede afirmarse que siempre sucede, solo que sucede generalmente.

Dos escuelas, un mismo problema

Aquí aparece el debate central sobre si las heurísticas son más que todo sesgos o no. Es decir, si el subconjunto de los sesgos es más o menos grande dentro del conjunto de las heurísticas.

  • Heurísticas como error: Kahneman sostiene que las heurísticas suelen conducir al error y distorsionan el juicio. Esta escuela es la más popular en economía del comportamiento pues puede modelarse matemáticamente, tal como lo hicieron Kahneman y Tversky con la Teoría Prospectiva.
  • Heurísticas como acierto: Gigerenzer, representante de otra escuela argumenta que, si las heurísticas fueran tan malas y condujesen generalmente al error, no habríamos sobrevivido como especie. En muchos contextos, funcionan bien.

En marketing político, la discusión es secundaria, sin embargo es importante para tener claro el concepto a la hora de aplicarlo. Lo que no puede olvidarse es que el votante decide usando heurísticas, no análisis racionales complejos.

Heurística de anclaje: el primer mensaje manda

La heurística de anclaje ocurre cuando la primera información recibida se convierte en referencia. Todo lo que viene después se interpreta desde ahí. En política:

  • El primer calificativo que se asocia a un candidato (“corrupto”, “técnico”, “outsider”) condiciona toda evaluación posterior.
  • La primera cifra, encuesta o escándalo actúa como ancla.

El votante ajusta su juicio, pero nunca lo suficiente. Por eso, quien define el marco inicial suele llevar ventaja.

Heurística de representatividad: parecer importa tanto como ser

Esta heurística evalúa probabilidades según qué tan bien algo encaja en un estereotipo. Miremos un ejemplo:

¿Es más probable que Nicolás Maduro renuncie o que Nicolás Maduro renuncie después de una manifestación popular?

La segunda opción “suena” más representativa de una narrativa política conocida, aunque estadísticamente sea menos probable. El cerebro confunde coherencia narrativa con probabilidad real. El primer conjunto es más amplio estadísticamente que el segundo. En campañas:

  • “Tiene pinta de presidente” pesa más que su hoja de vida.
  • Los estereotipos políticos sustituyen al análisis de datos.

Heurística de disponibilidad: lo que más vemos, más creemos

La heurística de disponibilidad estima la probabilidad de un evento según la facilidad con la que lo recordamos. Si algo aparece mucho en medios o redes:

  • Parece más frecuente.
  • Parece más importante.
  • Parece más real.

Es por eso que la sobreexposición mediática crea percepciones de crisis, inseguridad o corrupción, aunque los datos no las respalden y que las campañas que dominan la agenda mental del votante ganan terreno, incluso sin argumentos sólidos.

El voto no se convence, se facilita

El marketing político efectivo no intenta volver racional al votante. Acepta la racionalidad limitada y trabaja con ella. Gana quien:

  • Define los anclajes.
  • Controla los estereotipos.
  • Domina la disponibilidad mental.

Para las ciencias del comportamiento y el marketing la decisión de voto no es un cálculo. Es una intuición guiada. Entender esto no es manipular: es comprender cómo funciona realmente la mente política en el siglo XXI. A continuación el capítulo completo de Cerebro y Marca en Las entrañas de las campañas a través de NCN Pódcast.

Posdata: A propósito de racionalidad limitada y sesgos, por error generaron una portada para este episodio titulada «Sesgos humorísticos en política». Pedimos que lo corrigieran pues era «Sesgos y heurísticas en política», pero lo pasaron a «Humor que manipula el sesgo»…. ustedes entenderán.

Su campaña política está mal y usted no lo sabe

Masterclass gratuita para candidatos y sus equipos de campaña

La mayoría de las campañas electorales son erráticas: se construyen más desde el deseo y la urgencia que desde la estrategia y el análisis de datos. En esta masterclass gratuita sobre campañas políticas, aprenderás a mejorar tu campaña de forma rápida, económica y efectiva, evitando errores comunes que cuestan tiempo, dinero y credibilidad.

Durante estos meses de campaña en Colombia, vemos a los políticos tradicionales recurriendo a la fuerza bruta para intentar llevar al ciudadano a las urnas, mientras que muchos nuevos candidatos se sienten desorientados ante la falta de experiencia, estructura y recursos. Esta clase está pensada especialmente para ellos: personas con vocación política y recursos limitados que necesitan utilizarlos de manera estratégica, pero no saben por dónde empezar ni qué priorizar.

Laura y Carlos, fundadores de NARANJO+CÁLAD, han asesorado campañas políticas en toda América Latina y están comprometidos con la construcción de una nueva clase política. Una que deje atrás las prácticas clientelistas y burocráticas que han reducido la democracia a un discurso de apariencias, y que apueste por campañas honestas, eficientes y centradas en el ciudadano.

Si crees que tu campaña no avanza como debería, o peor aún, si piensas que todo va bien sin tener la certeza de por qué, esta masterclass es para ti. “Su campaña política está mal y usted no lo sabe” no es una provocación gratuita: es una invitación a mirar tu estrategia con honestidad, corregir a tiempo y competir con inteligencia. Inscríbete y descubre lo que otros candidatos siguen ignorando. Tu campaña —y tus votantes— lo agradecerán.

Temas:

  • La estrategia
  • Psicología del elector
  • Heurísticas y sesgos
  • Propuesta Única de Venta (PUV)
  • Medios y redes sociales
  • Lo que toda campaña debe tener
  • Neuromarketing y política

Profesores:

Laura Cálad
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad de Antioquia, Diseñadora y especialista en Mercadeo de la Universidad EAFIT. Socia fundadora de NARANJO+CÁLAD.

Carlos Naranjo
Psicólogo de la Universidad de Antioquia, publicista de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Estudios Políticos y Magíster en Economía Aplicada de la Universidad EAFIT. Socio fundador de NARANJO+CÁLAD.

Invitado:
Federico Villegas
Publicista y Magíster en Psicología Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha sido director creativo, de comunicaciones y asesor político.

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