12 campañas que cambiaron la historia de la publicidad

Hay campañas que venden un producto o un servicio. Y hay campañas que redefinen una categoría entera, cambian la forma en que una industria se comunica, o quedan grabadas en la memoria colectiva de un país durante generaciones. Este artículo de NARANJO+CÁLAD, reúne doce de esas campañas —algunas globales, algunas profundamente colombianas— que vale la pena estudiar, no por nostalgia, sino porque enseñan mucho sobre estrategia de marca.

1. Volkswagen: «Think Small» (1959)

A finales de los años cincuenta, el mercado estadounidense estaba dominado por automóviles grandes, potentes y lujosos. El Volkswagen Beetle era pequeño, simple y extranjero: desventajas evidentes, al menos en apariencia. La agencia Doyle Dane Bernbach (DDB) decidió convertir esa debilidad en fortaleza, y en lugar de esconder el tamaño reducido del auto, lo puso en el centro absoluto de la comunicación: enormes espacios en blanco, textos inteligentes y una imagen diminuta del vehículo, rompiendo por completo las normas visuales de la época.

Reconocer una aparente debilidad puede convertirse en una poderosa estrategia de diferenciación. No siempre hay que competir en las mismas características que domina el líder del mercado.

2. M&M’s: «Se derrite en tu boca, no en tu mano»

Los consumidores asociaban el chocolate con un problema muy concreto: se derretía con facilidad. La marca tomó esa fricción y la convirtió en promesa, transformando una característica técnica del producto (su cobertura de azúcar) en un mensaje simple y memorable que se ha mantenido vigente durante décadas.

Una propuesta de valor que resuelve un problema concreto de forma simple y que la comunicación potencio a niveles extraordinarios. The Unique Selling Proposition o la Propuesta Única de Venta de Rosser Reeves sería en adelante, una poderosa teoría de comunicación y marketing.

3. Marlboro: «Come to Marlboro Country»

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Marlboro nació como una marca orientada al público femenino, con ventas limitadas y sin identidad fuerte. Leo Burnett le dio un giro radical al crear al Marlboro Man, un vaquero asociado con libertad, independencia y masculinidad, que terminó convirtiendo a la marca en una de las más valiosas del mundo en su categoría.

Su éxito radica en que no vendió su producto, vendió un estilo de vida. Al mejor estio de Leo Burnett y su obsesión por generar personajes publicitarios memorables.

4. Apple: «Think Different» (1997)

Apple atravesaba una crisis empresarial y de identidad, con la necesidad urgente de diferenciarse frente a Microsoft. En lugar de hablar de computadores, la marca habló de personas que cambiaron el mundo: Einstein, Gandhi, Martin Luther King. La campaña contribuyó a reposicionar a Apple como una marca asociada con creatividad, innovación y pensamiento independiente, aunque no faltan quienes sostienen que también ayudó a construir una imagen de exclusividad y elitismo.

Sin mostrar un solo ordenador, Apple vendió un significado revolucionario para el nuevo mercado tecnológico, de la mano de Lee Clow y TBWA.

5. Dove: la campaña que nació en 1957 y sigue viva

Antes de «Real Beauty», hubo otro momento fundacional: 1957, y una frase que rompía con todo lo que decía la categoría de jabones hasta entonces. Mientras la competencia hablaba de limpieza, David Ogilvy encontró que uno de los ingredientes de Dove era similar al utilizado en cremas faciales, y en lugar de explicar fórmulas químicas y pH, tradujo esa complejidad técnica en una promesa sencilla: Dove contenía una cuarta parte de crema limpiadora. Los jabones limpian; Dove cuida la piel. Una idea tan simple que la marca la sigue usando casi setenta años después.

Ese mismo espíritu reapareció con fuerza en 2004 con «Real Beauty», una campaña de Ogilvy que rompió con los estándares físicos poco representativos de la publicidad de belleza tradicional, presentando mujeres reales de distintas edades, contextos y tipos de cuerpo. Generó una conversación global sobre autoestima y representación femenina, y se convirtió en una de las campañas de propósito de marca más estudiadas del mundo —aunque también enfrenta la crítica de haber comercializado una causa social para vender producto.

Lección: la mejor publicidad no vende un producto, vende una forma distinta de pensar sobre ese producto. Y las marcas crecen cuando conectan con tensiones culturales reales.

6. Hathaway: «The Man in the Hathaway Shirt»

Hathaway era una marca de camisas pequeña, con poca notoriedad. Ogilvy le añadió al modelo principal un simple parche en el ojo, y ese detalle bastó para generar misterio, curiosidad y un salto de reconocimiento que convirtió la pieza en uno de los casos más famosos de la publicidad impresa.

Un detalle distintivo puede convertir un mensaje ordinario en uno memorable. Hoy le llamamos «Hook» y es claramente medible en marketing digital. En aquel momento fue una intuición afortunada de David Ogilvy.

7. Benetton: «United Colors of Benetton»

Mientras la mayoría de las marcas de moda centraban su publicidad en el producto, Benetton, bajo la dirección creativa de Oliviero Toscani, empezó a abordar temas como racismo, guerra, sida, discriminación y desigualdad. Logró notoriedad global y una diferenciación radical, aunque el debate sobre si se trató de activismo visual genuino o explotación comercial de problemas sociales sigue abierto hasta hoy.

Nos queda la lección de que a notoriedad puede construirse tomando posición sobre temas relevantes, pero eso siempre implica riesgo. Al final, el aviso del enfermo de SIDA «cruzó la línea» para el público, que lo percibió como un abuso, dando fin a este camino creativo para la marca de los colores unidos.

8. Pepsi: «The Choice of a New Generation»

Frente a una Coca-Cola mucho más fuerte y consolidada, Pepsi decidió no competir en el mismo terreno: se apropió del territorio de la juventud, usando celebridades y referentes culturales para conectar con las nuevas generaciones. Es considerada una de las campañas de posicionamiento generacional más exitosas de la historia.

Cuando no puedes ganar por tamaño, puedes ganar por identidad. una anécdota de la campaña es que Michael Jackson se quemó parte del cuero cabelludo en la grabación de uno de los comerciales, lo que le llevaría a tomar analgésicos por el resto de su vida. Analgésicos que en una sobredosis, acabaron con la vida del rey del pop.

9. Coca-Cola: «The Spark of Life»

En una categoría cada vez más competitiva, Coca-Cola apostó por asociar el producto con felicidad, optimismo y momentos compartidos, reforzando una estrategia emocional que sigue definiendo a la marca hasta hoy y que ayudó a consolidarla como una de las más valiosas del mundo.

Las emociones generan vínculos más duraderos que los atributos funcionales. Vendemos significados, no productos.

10. Avis: «We Try Harder» (1962)

Avis ocupaba el segundo lugar del mercado, muy por detrás de Hertz. En lugar de aparentar un liderazgo que no tenía —la práctica habitual en la publicidad de la época—, reconoció públicamente su posición de número dos y la transformó en una promesa de mejor servicio.

La transparencia puede ser una ventaja competitiva cuando está respaldada por una propuesta de valor clara. Además el segundo lugar sigue siendo un mercado jugoso y poderoso, a diferencia de lo que sucede en marketing electoral donde el ganador se lo lleva todo.

11. Banco Cafetero: «La droga destruye tu cerebro» (Colombia, 1983)

Uno de los comerciales institucionales más impactantes de la publicidad colombiana. Bajo el lema «Por la dignidad del hombre», el Banco Cafetero —hoy desaparecido— produjo una campaña de prevención que mostraba en primer plano el rostro de un joven sano transformándose, al ritmo de los latidos de un corazón, hasta quedar demacrado y envejecido. La producción se realizó en Estados Unidos, con efectos visuales de un maquillador que había trabajado en «El planeta de los simios», y la crudeza de la pieza la dejó grabada en la memoria colectiva del país.

La publicidad social más recordada no es la que informa, es la que logra instalar una imagen imposible de olvidar y cuyo mensaje aporta significado para la sociedad de la época.

12. «Sin preservativo ni pío» (campaña de prevención adolescente)

Esta pieza, reconocida por la Oficina de Información de las Naciones Unidas en el marco del New York Festival, protagonizada por muppets con forma de pollitos —»pollos» es la forma coloquial de referirse a los jóvenes—, condensó un mensaje de prevención en una frase que se volvió parte del lenguaje popular: «sin preservativo ni pío». Detrás del humor había un proceso serio: seis meses de investigación y conversación directa con adolescentes para entender cómo vivían su sexualidad. Una encuesta realizada diez años después confirmó que el mensaje seguía muy presente en la memoria de quienes lo vieron de niños.

El humor y los personajes entrañables pueden ser un poderoso canal para comunicar temas sensibles a una audiencia joven. Francisco el matemático, de RCN, fue otra versión de esta categoría de anuncios de bien público, que fue llevada a la televisión por medio de una serie juvenil durante el gobierno de Andrés Pastrana.

Bonus: BonIce y «La Tribu BonIce» (Colombia, 1998)

Quala transformó el tradicional «boli» o helado de agua artesanal en un fenómeno de cultura pop masivo. El Pingüino de BonIce se convirtió en un personaje querido, el grito callejero de los vendedores —»¡BonIce, BonIce!»— quedó instalado en el ADN colectivo del país, y la campaña trascendió la pantalla: las calles de Colombia se llenaron de vendedores ambulantes con uniformes, gorras y carritos azules y amarillos que convirtieron el punto de venta mismo en medio publicitario.

Una campaña verdaderamente memorable no vive solo en televisión; se apodera también del espacio público y, sobre todo, del espacio en el cerebro del público.

Lo que todas estas campañas tienen en común

Ninguna de estas piezas ganó compitiendo en el mismo terreno que sus competidores. Volkswagen no compitió en tamaño. Avis no compitió en liderazgo. Dove no compitió en limpieza. Pepsi no compitió en tradición. En cada caso, la marca encontró una idea simple, la sostuvo con disciplina durante años —a veces décadas— y la convirtió en el eje de todo lo demás.

Esa sigue siendo, probablemente, la lección más vigente de toda la historia de la publicidad: no se trata de decir más cosas, se trata de encontrar la única cosa correcta que hay que decir, y repetirla con consistencia hasta que se vuelva inseparable de la marca. A continuación el capítulo de nuestro pódcast CEREBRO Y MARCA sobre estas campañas memorables, que ayudaron a contruir no solo marcas sino empleo, creci

No todos podemos ser influencers (y las empresas deberían dejar de exigirlo)

Exponer a los empleados como si fueran influencers no es cultura digital, es presión laboral disfrazada de tecnología.

Muchas personas no se sienten cómodas frente a una cámara y un micrófono, y no tienen por qué estarlo. Sin embargo, cada vez más organizaciones (especialmente las más pequeñas, que sienten con más fuerza la presión de «estar presentes» en redes) han comenzado a exigirle a sus equipos que participen abiertamente en video para las cuentas de la empresa.

El error de fondo: confundir cultura digital con presencia obligatoria en cámara

Personas sin formación, sin interés y, sobre todo, sin ningún gusto por las cámaras terminan haciendo de tripas corazón para cumplir con la solicitud del jefe de turno: «necesitamos contenido para redes». El problema no es la petición en sí, sino la forma en que se hace: casi nunca viene acompañada de capacitación real. La mayoría de las empresas no contratan a nadie que ofrezca siquiera los elementos básicos para desenvolverse frente a una cámara. Se pide el resultado sin construir la habilidad.

Esto no quiere decir que las organizaciones no tengan talento oculto —seguramente lo tienen—, sino que lo que ocurre con frecuencia es distinto: personas que se sienten obligadas a hacer algo que, sencillamente, no quieren hacer.

Ser influencer es un trabajo, no un hobby

Existe la creencia equivocada de que ser presentador, comunicador o influencer es cuestión de dejar fluir la espontaneidad. La realidad es que es un oficio con estrés, métricas que revisar, ediciones interminables y comentarios pasivo-agresivos a las dos de la mañana. Requiere: comunicación clara, manejo de cámara, lenguaje corporal y storytelling. Y, además de todo eso, una dosis considerable de tolerancia al juicio público.

No confundamos las cosas: ser buen vendedor no te hace buen comunicador digital. Ser crack en logística no te convierte en microinfluencer. Y tener carisma en las reuniones internas no te vuelve automáticamente capaz de hablarle a una cámara con naturalidad. Son habilidades distintas, y tratarlas como intercambiables es la raíz del problema.

Lo que realmente genera forzar a alguien frente a cámara

Ansiedad. No todo el mundo está cómodo con su imagen pública, y eso es completamente válido.

Vergüenza. Esa sensación incómoda de «¿por qué estoy haciendo esto si yo vine a trabajar en talento humano, no a hacer playback de Karol G?»

Tensión. Porque en toda oficina hay alguien que se lo toma demasiado en serio, dirige la escena, repite tomas y pide «vamos a hacerlo de nuevo, pero con más energía». Spoiler: nadie quiere hacerlo de nuevo.

Y el peor efecto de todos: el contenido se vuelve artificial. Se nota. El público lo percibe, porque el ojo digital es implacable —identifica de inmediato cuándo un video se grabó por entusiasmo genuino y cuándo se grabó por miedo al jefe.

Entonces, ¿qué sí pueden hacer las empresas?

Si grabar un TikTok no puede convertirse en el nuevo «cumpleaños de oficina obligatorio», aquí va el manifiesto de las alternativas inteligentes (no incluye bailes virales ni desafíos con papel higiénico).

1. Identificar talentos internos reales. Siempre hay alguien que sí quiere y sí puede: la persona que habla bien en público, que graba con naturalidad, que hace chistes en las reuniones y logra que todos se rían de verdad, no por compromiso. En lugar de obligar a todo el equipo, potencia a quien ya tiene esas habilidades. No necesitas treinta voceros desmotivados; necesitas uno con autenticidad.

2. Ofrecer talleres voluntarios de comunicación digital. Voluntarios: esa es la palabra clave. No «capacitaciones obligatorias de influencers internos», sino espacios donde quien quiera aprender a manejar la voz, pensar en contenido y perder el miedo a la cámara pueda hacerlo. Formar embajadores de marca no es apretar un botón; es encender un interés genuino, y eso no se impone.

3. Usar voceros profesionales, actores o animación. Si lo que se busca es contenido bien producido, con ritmo y carisma, la solución es contratar a alguien que se dedique justamente a eso: un actor, una presentadora, un creador de contenido. También existen las animaciones, el stop motion o la inteligencia artificial. Hay cien maneras de contar una historia sin sacrificar a tu equipo de ventas en el altar del algoritmo.

4. Respetar los límites personales. No todos quieren salir en redes. No todos se sienten cómodos con su imagen, con su voz o con la mirada pública, y ninguna estrategia de contenido debería depender de ignorar eso.

La presencia digital de una marca no se construye incomodando a quien no quiere estar frente a cámara. Se construye identificando a quien sí quiere, formándolo bien, y respetando —sin excepción— a quien prefiere aportar su talento desde otro lugar. Cultura digital no es sinónimo de cámara encendida para todos; es, sobre todo, saber elegir bien las batallas de contenido que vale la pena dar.

Campañas políticas exitosas: mensajes y comunicación política

Las campañas políticas son procesos complejos que requieren estrategias efectivas de comunicación para lograr el éxito. En el noveno episodio de nuestro pódcast Cerebro y Marca, analizamos cuatro campañas que fueron exitosas en Latinoamérica, centrándonos en los mensajes y la comunicación política que ayudaron a su éxito.

Es importante aclarar que una campaña de marketing electoral sea exitosa, no necesariamente dará lugar a un gobierno exitoso. En varios de los casos que a continuación expondremos los mandatos no siempre rindieron los frutos que la ciudadanía esperaba y sus líderes, debido a aspectos culturales, políticos y económicos abandonaron el cargo en medio de controversias o escándalos. De allí la importancia no solo del marketing electoral y político, sino también de la gobernanza.

Fernando de la Rúa – Argentina 1999:

De la Rúa transmitió un mensaje de cambio y renovación, con el slogan “Sí se puede”, el cual acompañó todas sus intervenciones públicas. Además, capitalizó el desgaste que tenía su contrincante, Carlos Menem, quien llevaba 10 años en el poder y experimentaba un desgaste de su imagen pública y de las políticas de gobierno.

Con su icónico comercial “dicen que soy aburrido” logro diferenciarse de Menem su opositor, quien contaba con una personalidad más extrovertida. Con este spot, De la Rúa aplica una de las leyes expuestas por Al Ries y Jack Trout en su libro Las 22 leyes inmutables del marketing, la cual afirma que cuando admites un punto débil, la gente tiende a asignarte algo positivo. Este comercial además plantea un contraste claro con el gobierno que buscaba seguir en el poder.

De la Rúa es uno de los casos en los que el gobierno no tuvo el éxito esperado debido a una de las mayores crisis económicas del país austral y a posteriores escándalos de corrupción, El presidente terminó abandonando la Casa Rosada dos años después de su elección.

Vicente Fox – México 2000:

La campaña de Vicente Fox y su mandato son emblemáticos, no solo por el uso que le dan a la comunicación política, sino porque dan por finalizado 71 años consecutivos del PRI en el gobierno de México. Fox centró su campaña en un mensaje de cambio y esperanza. Utilizó una comunicación cercana y accesible, conectando con la gente común. En su spot “creen que no tenemos memoria” Fox hace una clara yuxtaposición entre la realidad que está viviendo México y el proyecto de nación que propone el PAN.

Vicente Fox fue un candidato que uso muy bien la televisión como su plataforma para conectar con los votantes y contó con líderes, o lo que hoy llamamos influenciadores, de diferentes ámbitos para validar su imagen ante sus votantes.

Alan García – Perú 2006:

La campaña de 2006 de Alan García a la presidencia de Perú es su regreso como mandatario luego de ocupar la presidencia de 1985 a 1990. En esa ocasión abandonó el que una país con una hiperinflación de 7.000% anual y en medio de altos índices de pobreza. Así entonces en las elecciones de 1990 los candidatos debía centrarse en la economía. Mario Vargas Llosa, proponía un shock económico basado en un modelo más neoliberal, pero que no tiene éxito en las urnas pues es vencido por Alberto Fujimori, quien planteaba una receta económica menos agresiva. Sin embargo, a tan solo 10 días de posesión debe implementar casi la totalidad de las medidas que proponía el ganador del premio Nobel de literatura y que llevaron a lo que se llamó el Fujishock.

Alan García, 16 años después de su primer mandato y con un Perú más próspero económicamente, hace una campaña enfocada en un mensaje de estabilidad y experiencia, y con propuestas alejadas del socialismo que lo caracterizaron en su primer mandato. Eso sí, destacó su gestión anterior como presidente y presentó logros económicos y sociales de su primer mandato para diferenciarse de su principal contrincante, el exmilitar Ollanta Humala. Su mensaje se centró la búsqueda para generar nuevos empleos, mejorar la calidad de vida y reducir la pobreza. García buscó establecer una conexión cercana con la población, realizando recorridos y encuentros para escuchar sus preocupaciones.

Mauricio Macri – Argentina 2015:

La campaña de Mauricio Macri se puede considerar como una nueva forma de hacer política usando el marketing digital y todas las herramientas que ella trajo consigo. Toda la campaña de Macri se basa en el concepto de unión, cercanía y de contacto uno a uno, que podemos ver en su famoso spot “el país del y”.

En cuanto a marketing político y electoral, esta campaña se destacó por el uso de estrategias de comunicación innovadoras, usando las redes sociales y la microsegmentación los mensajes, según las necesidades de cada grupo poblacional.:

Para finalizar podemos concluir que las campañas exitosas de De la Rúa, Fox, García y Macri tuvieron elementos comunes en cuanto a los mensajes y la comunicación política. Transmitieron mensajes claros y persuasivos, conectaron emocionalmente con los votantes y presentaron propuestas concretas para abordar los desafíos del país. Además, utilizaron estrategias innovadoras y se adaptaron al contexto político y social de cada elección. Escuche el episodio completo de Cerebro y Marca a continuación:

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El marketing político y electoral: estrategias para persuadir a los votantes

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Marketing Político y Electoral

El marketing político y electoral son disciplinas cruciales para cualquier candidato, partido político o personaje público que busque el éxito en una elección. Por medio de la implementación de estrategias de comunicación y publicidad, se busca persuadir a los votantes para que apoyen a un candidato o partido político en particular.

En este artículo, exploraremos brevemente las diferencias entre el marketing político y electoral y cómo se pueden aplicar diferentes estrategias en cada uno de ellos para lograr resultados positivos.

Marketing político vs. electoral: ¿qué son y cómo se diferencian?

El marketing político se enfoca en construir y mantener una imagen positiva de un candidato o partido político a lo largo del tiempo. Este proceso puede incluir la creación de mensajes políticos claros y coherentes, la identificación de grupos demográficos clave, la creación de relaciones con líderes comunitarios, la implementación de programas de responsabilidad social corporativa, la construcción de una presencia en las redes sociales y la gestión de la reputación.

Por otro lado, el marketing electoral se enfoca en la promoción de un candidato o partido político específico durante una campaña electoral. El objetivo principal del marketing electoral es persuadir a los votantes para que voten por un candidato o partido específico en una elección.

Las diferencias entre estas dos disciplinas son significativas, ya que el marketing político se enfoca en construir una imagen a largo plazo y mantenerla, mientras que el marketing electoral se enfoca en promover un candidato o partido político en una campaña electoral específica.

Estrategias de marketing político y electoral

La publicidad de un candidato político debe tener en cuenta una gran cantidad de regulaciones y restricciones legales, que no se aplican a la publicidad de productos. Las leyes electorales y de financiamiento de campañas establecen límites y restricciones a la publicidad política, por lo que los anuncios deben ser cuidadosamente diseñados y planificados para cumplir con estas regulaciones.

En segundo lugar, la publicidad de un candidato político debe enfocarse en la persuasión y la construcción de confianza. Mientras que la publicidad de productos a menudo se enfoca en crear deseos y necesidades en los consumidores, la publicidad política tiene como objetivo persuadir a los votantes para que apoyen a un candidato o partido político en particular. Por lo tanto, la publicidad política debe transmitir un mensaje claro y convincente que conecte con los valores y preocupaciones de los votantes.

En tercer lugar, la publicidad de un candidato político debe ser cuidadosamente segmentada y enfocada en el público objetivo. Los votantes tienen diferentes intereses y preocupaciones, y la publicidad política debe ser adaptada a las necesidades y expectativas de cada grupo de votantes. Por lo tanto, la publicidad política debe ser diseñada y ejecutada teniendo en cuenta la segmentación del electorado y las diferentes plataformas y canales de medios que utilizan.

Adicionalmente una campaña política de marketing electoral, a diferencia de una campaña de publicidad convencional, cuenta con un tiempo de ejecución limitado a unos cuantos meses, lo que impide que se desarrollen pruebas de ensayo y error a profundidad. No hay mucho margen de maniobra en el marketing electoral y en consecuencia es necesaria la asesoría de expertos desde el planteamiento estratégico, para evitar errores que no pueden corregirse por falta de tiempo.

Por otro lado, en países donde el voto es obligatorio, la campaña de marketing electoral puede enfocarse en recordar a los votantes la obligación legal de votar y puede enfatizar la importancia del acto de votar. Además, dado que todos los ciudadanos tienen la obligación legal de votar, la campaña de marketing

En conclusión, el marketing político y electoral son disciplinas clave en la estrategia política moderna. El éxito político depende de la implementación efectiva de estrategias de comunicación y publicidad que buscan mejorar la percepción pública de un candidato o partido político, y persuadir a los votantes a apoyar a un candidato o partido en particular.

La publicidad, propaganda, política debe ser cuidadosamente diseñada y planificada, teniendo en cuenta las regulaciones legales, la persuasión y la construcción de confianza, y la segmentación del público objetivo. Además, la estrategia de la campaña de marketing electoral puede variar según el contexto legal y cultural del país, en función de si el voto es obligatorio o no. En última instancia, el éxito político depende de la implementación efectiva de estas estrategias y tácticas, que deben ser adaptadas a cada contexto político y cultural específico.