Marketing de Turismo: cómo vender experiencias en la era del viajero digital

«El mundo es un libro, y quienes no viajan solo leen una página».
San Agustín de Hipona

Hay una pregunta que todo profesional del turismo debería hacerse antes de diseñar una campaña: ¿por qué eligió el viajero el último lugar al que fue? Casi nunca la respuesta es «porque vi un anuncio». Y sin embargo, gran parte del marketing turístico sigue apostando por la publicidad tradicional en un mundo donde el 80% de los viajeros investiga en redes sociales antes de decidir un destino, y el 54% se inspira en contenido generado por otros viajeros, no en pauta institucional.

El cambio no es tecnológico. Es psicológico. El marketing de turismo más efectivo de la última década no vende destinos: vende emociones y versiones ideales de nosotros mismos.

Por qué viajamos de verdad

La psicología del turismo ha identificado motivadores profundos que van mucho más allá del descanso o el ocio. Entenderlos es la base de cualquier estrategia de comunicación que aspire a ser verdaderamente persuasiva.

El primero es el escape: no solo del lugar físico, sino de la rutina, la identidad cotidiana y las responsabilidades. El viaje ofrece una suspensión temporal de quiénes somos en el día a día, y ese valor emocional es enorme. Nadie lo dice en voz alta, pero es uno de los motores más honestos del turismo.

El segundo es la pertenencia: viajar a ciertos destinos, vivir ciertos tipos de experiencias o ser parte de comunidades de viajeros responde a una necesidad social básica. No viajamos solos, aunque lo hagamos físicamente.

El tercero, y quizás el más relevante para el marketing, es la demostración: el viaje como señal de estatus, de gustos, de valores. Lo que viajamos dice quiénes somos, o quiénes queremos que los demás crean que somos. Las redes sociales no crearon este motivador, pero lo amplificaron de forma exponencial.

El FOMO Como Motor de Decisión

El fear of missing out —el miedo a quedarse por fuera— es uno de los grandes impulsores del turismo contemporáneo. Ver en tiempo real cómo otros viven experiencias que tú no estás viviendo activa una urgencia que ningún descuento logra generar por sí solo. Y sobre este terreno emocional opera el marketing turístico más inteligente.

La trampa de los adjetivos: por qué el marketing descriptivo no funciona

«Playas paradisíacas.» «Gastronomía única.» «Paisajes de ensueño.» El marketing que solo describe características de un destino activa la parte racional del cerebro. Pero la decisión de viajar es fundamentalmente emocional. Y para llegar a esa emoción, los adjetivos no alcanzan.

Lo que sí funciona son las historias.

Storytelling de destino: antes, durante y después

Una historia de viaje bien construida tiene tres momentos que corresponden exactamente al recorrido emocional del viajero:

El antes es la anticipación: ese estado de ensoñación en el que el viajero imagina cómo será estar allí. El marketing que activa este momento no describe el destino, lo hace desear. La diferencia es sutil pero decisiva.

El durante es la inmersión: el contenido que captura lo que se siente estar en ese lugar, no solo cómo se ve. Un video de treinta segundos que transmita la textura sonora de un mercado, el olor implícito de una cocina o la atmósfera de una calle al atardecer vale más que diez fotografías perfectas de paisajes vacíos.

El después es la transformación: la historia de cómo ese viaje cambió algo en quien lo vivió. Las marcas que dominan estos tres momentos no venden paquetes turísticos. Construyen narrativas que el viajero quiere hacer propias.

El Poder de lo Específico

No es lo mismo decir «disfruta de nuestra gastronomía local» que contar la historia del señor que lleva cuarenta años preparando el mismo sancocho en una esquina del mercado central. Lo genérico informa. Lo específico conecta. Y la conexión emocional es lo que convierte la inspiración en reserva.

El Viajero Como Protagonista, No el Destino

Las marcas y destinos que mejor lo están haciendo han entendido que el protagonista de la historia no es el lugar: es el viajero dentro del lugar. Las imágenes que más inspiran no son las del paisaje vacío, sino las de una persona viviendo ese paisaje. Cuando ponemos al viajero en el centro de la narrativa, no le estamos entregando información sobre un destino: le estamos mostrando quién puede ser si decide ir.

El viajero no compra un hotel. Compra lo que va a sentir y lo que va a contar.

El embudo del viajero digital

En turismo, entre el primer impacto y la reserva hay un camino largo, cargado de dudas, comparaciones y búsqueda de validación. La visibilidad es necesaria, pero está lejos de ser suficiente. El marketing digital efectivo no es el que llega a más personas: es el que acompaña al viajero en cada etapa de ese recorrido y construye la confianza necesaria para que decida.

En NARANJO+CÁLAD hemos identificado que este recorrido tiene seis momentos:

1. Inspiración: El viajero no sabe aún a dónde quiere ir, pero está receptivo a ideas. Aquí mandan las redes sociales, el contenido visual y las historias de otros viajeros. Es el momento de sembrar deseo.

2. Investigación: Ya tiene un destino en mente y empieza a buscar información concreta. Aquí entran Google, los blogs especializados y los videos de YouTube. El contenido debe ser útil, detallado y honesto.

3. Decisión: Compara opciones, lee reseñas y busca señales de confianza. Las calificaciones en Google, Booking y TripAdvisor son determinantes. La claridad de la propuesta de valor también. En turismo digital, la confianza es el recurso más escaso.

4. Reserva: El momento de la conversión. Aquí la fricción es el enemigo: cualquier proceso complicado, lento o confuso puede hacer que el viajero abandone a centímetros de la meta.

5. Experiencia: Lo que vive durante el viaje definirá lo que cuenta después. El producto es parte de la estrategia de marketing.

6. Recomendación: El viajero satisfecho se convierte en el activo de marketing más poderoso que existe. Más barato y más creíble que cualquier pauta pagada.

Los canales que realmente mueven la aguja

No todos los canales funcionan igual en turismo. Dispersar el presupuesto en todos al mismo tiempo es una estrategia segura hacia la mediocridad.

Instagram sigue siendo el canal de inspiración por excelencia: es donde el viajero sueña.

TikTok está redefiniendo ese rol con contenido más espontáneo, más cercano y con un alcance orgánico que Instagram ya no puede ofrecer.

Google es el canal de la intención: cuando alguien busca «agencia de viajes a Cartagena» o «paquetes todo incluido San Andrés», está muy cerca de decidir. No aparecer ahí es regalarle ese cliente a la competencia.

WhatsApp es el canal de la conversión en el contexto latinoamericano. La mayoría de las reservas no ocurren en un formulario web sino en una conversación. Ignorar esto es perder ventas que ya están casi cerradas.

El email marketing, frecuentemente subestimado, sigue siendo el canal más rentable del ecosistema digital en turismo, especialmente para fidelización y reactivación de clientes anteriores.

YouTube, es actualmente la principal plataforma de difusión de los blogeros de viajes pues permite profundizar en contenidos más largos y con mejor edición. Sin embargo, puede ser un reto enorme para una agencia de viajes o un operador turístico pequeño.

Tres casos que demuestran el poder del marketing turístico

Japón es el caso más sofisticado de la última década. Durante años fue percibido como un destino lejano, caro y culturalmente difícil de navegar. Un trabajo sostenido de posicionamiento narrativo —apoyado en el contenido generado por viajeros y en el auge del anime y la cultura pop japonesa— lo convirtió en uno de los destinos más deseados del mundo.

Dubai representa el caso del destino construido casi desde cero mediante una combinación de arquitectura del espectáculo y marketing de escala. El Burj Al Arab no es solo un hotel: es una imagen que el mundo ha reproducido millones de veces de forma gratuita.

Perú logró algo aún más difícil: convertir un solo punto geográfico —Machu Picchu— en el símbolo de toda una nación. Un activo patrimonial transformado en motor de identidad turística.

En turismo, y en marketing, la emoción siempre gana

El marketing de turismo no vende habitaciones, vuelos ni itinerarios. Vende la anticipación de una versión mejor de nosotros mismos. Vende la historia que vamos a contar. Vende el recuerdo antes de que ocurra.

Las marcas, agencias y destinos que entienden esto no compiten por el precio más bajo. Compiten por el espacio emocional más relevante en la mente del viajero. Y ese espacio, cuando se conquista con autenticidad y consistencia, es extraordinariamente difícil de desplazar.

La pregunta que queda sobre la mesa para cualquier estratega de turismo no es qué canal usar, ni qué tipo de contenido publicar. La pregunta es: ¿qué historia queremos que cuenten los viajeros después de elegirnos?

Esa respuesta es la estrategia. Te invitamos a ver a continuación el episodio de nuestro podcast CEREBRO Y MARCA sobre marketing turístico.

Marca País o City Marketing: Estrategias para destacar en el Mundo Globalizado

En un mundo cada vez más interconectado y competitivo, la imagen que un país o una ciudad proyecta al exterior puede ser determinante para su desarrollo económico y social. Aquí es donde entran en juego dos conceptos clave: la marca país o el city marketing. Ambos términos se refieren a estrategias diseñadas para mejorar la percepción de un lugar específico, atrayendo turistas, inversores y talento, así como fortaleciendo la identidad y el orgullo de sus habitantes.

¿Qué es la Marca País?

La marca país es una estrategia de marketing que busca posicionar a un país en la mente de los consumidores y tomadores de decisiones a nivel global. Este posicionamiento no solo se basa exclusivamente en atractivos turísticos, sino también en otros aspectos como la cultura, la calidad de vida, la innovación y el potencial de negocios.

Elementos Clave de una Marca País

  1. Identidad Cultural: Resaltar la cultura única y las tradiciones de un país.
  2. Atractivos Turísticos: Promover destinos naturales y culturales de interés.
  3. Calidad de Vida: Enfatizar aspectos como la seguridad, la salud y la educación.
  4. Innovación y Negocios: Mostrar el potencial para inversiones y el entorno favorable para los negocios.
  5. Sostenibilidad: Destacar los esfuerzos en la conservación del medio ambiente y las prácticas sostenibles.

¿Qué es el City Marketing?

El city marketing es una estrategia similar a la marca país, pero a una escala más local, enfocada en ciudades. El objetivo es atraer turismo, inversiones y mejorar la calidad de vida de los residentes, diferenciando la ciudad de otras mediante la promoción de sus características únicas.

Elementos Clave del City Marketing

  1. Identidad Urbana: Crear una identidad distintiva que capture la esencia de la ciudad.
  2. Infraestructura y Servicios: Mejorar y promover la calidad de los servicios urbanos y la infraestructura.
  3. Eventos y Cultura: Organizar y promover eventos culturales, deportivos y empresariales.
  4. Desarrollo Económico: Atraer inversiones y apoyar a las empresas locales.
  5. Sostenibilidad Urbana: Implementar prácticas sostenibles y mejorar la calidad ambiental de la ciudad.

Ejemplos Exitosos de Marca País y City Marketing

Marca País: «España»

España ha logrado construir una marca país sólida basada en su rica herencia cultural, su gastronomía de renombre mundial, y sus playas y ciudades vibrantes. La campaña «Spain, Everything Under the Sun» resalta la diversidad y la riqueza del país, atrayendo a millones de turistas cada año.

City Marketing: «Nueva York»

Nueva York ha utilizado el lema «I Love New York» desde la década de 1970 para promocionarse como un destino turístico de primer nivel. Esta campaña ha sido icónica, ayudando a posicionar a la ciudad como un centro global de cultura, negocios y entretenimiento.

Beneficios de una Estrategia de Marca País y City Marketing

  1. Aumento del Turismo: Atracción de más turistas, lo que se traduce en mayores ingresos económicos.
  2. Atracción de Inversiones: Mejora del atractivo del lugar para los inversores extranjeros.
  3. Orgullo Nacional y Local: Fomento del orgullo y la identidad entre los residentes.
  4. Desarrollo Económico y Social: Impulso del crecimiento económico y mejora de la calidad de vida.
  5. Visibilidad Global: Mayor reconocimiento y presencia en el escenario internacional.

Tanto la marca país como el city marketing son herramientas poderosas en la era globalizada actual. Implementar estas estrategias con éxito puede transformar la percepción de un lugar, atrayendo turismo, inversiones y mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Es fundamental que los responsables de estas estrategias trabajen de manera coherente y coordinada, aprovechando los puntos fuertes y únicos de su país o ciudad para destacar en el competitivo mercado global. Te invitamos a escuchar nuestro pódcast CEREBRO Y MARCA sobre este tema y a leer el artículo Colombia hacia una marca país competitiva.

http://www.naranjopublicidad.com/colombia-hacia-una-marca-pais-competitiva

Nuestra propuesta para la Marca Ciudad de Medellín

Recientemente la Alcaldía de Medellín, a través de la Secretaría de Desarrollo Económico, abrió de nuevo el Concurso para crear por 10 años la Marca Ciudad de Medellín, basado en el acuerdo 40 de 2015 del Concejo de Medellín y que en la administración pasada fue declarado desierto. La idea del concurso es generar una identidad visual para la ciudad que ayude a promocionarla, tanto a nivel nacional como internacional.

En NARANJO PUBLICIDAD enviamos la documentación para el Concurso pero no recibimos confirmación de si habíamos sido preseleccionados hasta tres días antes del cierre, que logramos comunicarnos con una de las personas encargadas en la Secretaría. Nos dijeron que nos habían enviado correos y llamado días antes, sin lograr establecer contacto con nosotros. Ya era tarde.

No teníamos tiempo de hacer la presentación y los videos que exigía la convocatoria en su fase final en menos de tres días, aunque ya habíamos trabajado en algunas ideas que nos gustaban para el logo de la Marca Ciudad de Medellín. Enviamos un correo para preguntar si se podía presentar extemporáneamente pero no recibimos respuesta. Problemas habituales en los concursos y por lo que usualmente preferimos otro tipo de convocatorias.

Así que aunque no pudimos presentarnos oficialmente a la fase final de la convocatoria de la Alcaldía de Medellín queremos presentar a continuación nuestra propuesta, basada en dos conceptos muy simples: las montañas (m) y el signo de aprobación (), que juntos forman un corazón verde. Corazón que representa también la evolución de exitosas campañas del pasado reciente de la ciudad, como Quiero a Medellín y Hecho en Medellín, desarrolladas en aquel entonces por Michel Arnau y que sigen presentes en la memoria de locales y extranjeros. Finalmente la flor, que hace alusión a la Feria de las Flores y la primavera, se encuentra ubicada estratégicamente sobre la letra i.

Esperamos que esta vez si tengamos un ganador elegido limpia y transparentemente, con una imagen que nos represente de verdad y nos ayude a posicionar a Medellín como origen y destino, en medio de un mundo hipercompetitivo en el que el marketing de turismo y el branding de ciudad toman cada vez más importancia.

Colombia: hacia una marca país competitiva


Una marca es una señal, un concepto o idea que permite diferenciar cosas que se parecen mentalmente. Los países, las ciudades, los territorios, no son la excepción y en el tema de marca país, o city marketing, tenemos dos grandes dificultades para Colombia: la imagen negativa de nuestro país en el exterior y la falta de una estrategia competitiva de largo plazo. Cada nuevo gobierno quiere «reinventar la rueda» y nombra a un nuevo gerente de marca a través de ProColombia, que suele cambiar las cosas que se venían haciendo para dejar su impronta personal.

¿Cuántas veces ha cambiado España su marca? Llevamos décadas viendo el Toro de la Vega, el sol, las tapas y el flamenco acompañando al maravilloso logosímbolo que diseñara Joan Miró en 1983 ¿O Francia «rompe paradigmas» con cada nuevo presidente modificando la imagen de los vinos, los quesos, el romance y la Torre Eiffel? No, ningún país o territorio que quiera posicionar un concepto, puede estarlo cambiando con frecuencia. Hacer un espacio en la mente de los habitantes del planeta requiere estrategia y perseverancia por décadas. El posicionamiento es una carrera de fondo, no de velocidad.

En Colombia, la mayoría de las políticas públicas, incluyendo las de marca país, suelen ser esfuerzos aislados y temporales sobre los asuntos urgentes, dejando de lado lo importante. Sólo verdaderas políticas de Estado, no de gobierno, nos permitirán salir adelante y construir un mejor país para nosotros y para nuestros visitantes, pues tampoco es posible hablar de marca ciudad o país si la gente no está bien. Nada más frustrante para el cliente interno y externo que comprar una percepción positiva para luego toparse con la negativa realidad. Como dice Gabriel Fernández, director del proyecto de gestión y liderazgo de Argentina: «Antes de atraer turistas la gente debe estar bien, la ciudad tiene que haber resuelto sus problemas. El marketing de ciudad no es sólo una venta lucrativa”.

Una marca no es un logo

Para algunos, el problema de city marketing se resuelve con un logo. Craso error. El logo ayuda pero no resuelve el problema. El problema está en el concepto diferenciador, en el concepto competitivo. El año pasado tuve el gusto de reunirme con Raúl Peralba, famoso estratega español miembro de Trout & Partners, en Madrid a hablar de mercadeo y posicionamiento. Al tocar el tema de su libro El Posicionamiento de la Marca España, es claro que lo primero que debe resolver un país es su concepto, la posición mental que ocupará en la mente de sus clientes.

La mayoría de las discusiones de marca país o marca territorio se enfrascan en concursos (pésima idea dejar el tema en manos de todo el mundo) o en discusiones interminables sobre los colores, las formas y los textos de la campaña; dejando de lado el concepto mental que debe ocuparse con la estrategia de comunicación y, sobre todo, con políticas públicas de largo plazo. De poco sirven los comerciales, los avisos y las vallas, sin un sustrato real que los respalde. Los ciudadanos y los turistas no habitan sólo en el mundo de la publicidad sino también en el mundo de lo cotidiano, que comparten en las redes sociales y que suele tener más influencia. Una campaña de publicidad solo acelerará el proceso de desprestigio, si el país o la ciudad en cuestión, no tiene como respaldar su mensaje positivo.

FutureBrand realiza cada año un ranking de las marcas país más poderosas del mundo, de acuerdo con sus niveles de popularidad, fortaleza, claridad y reputación. Entre éstas, Estados Unidos ocupa por lo general alguno de los primeros tres lugares del podio ¿Alguien recuerda cuál es el logo marca país de EEUU? Tenemos la imagen mental de los rascacielos o de la Estatua de la Libertad, o en el mejor de los casos, las barras y las estrellas, pero no de un logosímbolo. Hollywood nos vende todos los días un estilo de vida norteamericano que compramos encantados, sin necesidad de un empaque o un logo ¿Qué es entonces más importante, el logo o el concepto?

ranking
Ranking marca país 2012-2013 por FutureBrand

Marcas Comerciales y Marcas País

Aunque promocionar un país o ciudad es bastante parecido a promocionar un producto o servicio, las marcas comerciales comúnmente se basan en la relación que se establece entre el nombre y el concepto, mientras que las marcas país tienen una relación mental adicional entre la imagen y el concepto. Esto explica, en parte, porqué es más importante la postal que el logo en la marca país. Si pensamos en Inglaterra se nos viene a la cabeza el Big Ben o los guardias reales, si pensamos en China automáticamente se dibuja en nuestra mente la Gran Muralla o si pensamos en Egipto recordamos de inmediato las pirámides.

Esta postal mental es un ícono que se llena luego con los conceptos propios de cada territorio. Es el recipiente (significante) que se carga con las ideas (significado) que podemos y queremos transmitir para movilizar al público (pragmática). En términos semiológicos, diríamos que la sintaxis se carga con la semántica para generar la pragmática. Sin estos tres elementos del trípode, ninguna estrategia de marca se mantiene en pie. De poco sirve una imagen mental clara del país si no me remite a un concepto deseable o si finalmente no me moviliza. Una estrategia de marca país requiere mucha inversión para que no haga que la gente viaje, invierta o compre.

¿Colombia es pasión, es la respuesta o qué es?

Cada nuevo gobierno suele llegar con su equipo de trabajo, cargado de más ganas que estrategia, a modificar lo que la administración anterior hizo. Hace poco conversaba con el comunicador de una gran entidad pública en Medellín y me contaba que llevaba más de dos años cambiando los avisos que tenían distribuidos en todo el Valle de Aburrá, sólo para modifica el nuevo logo de la reciente administración. Gastos innecesarios que pagamos los contribuyentes cada cuatro años y que seguramente aprovechan gustosas las empresas de publicidad exterior que luego patrocinan las vallas de sus candidatos en la siguiente contienda política.

Cuando David Lightle desarrolló el concepto de Colombia es Pasión durante el gobierno de Álvaro Uribe, muchos comunicadores gráficos se rasgaron las vestiduras. Ríos de tinta corrieron en pro y en contra de la nueva estrategia, que finalizó con una serie de comerciales que presentaba testimoniales de extranjeros que se habían quedado a vivir en Colombia, bajo el eslogan «Colombia, el riesgo es que te quieras quedar». Nada mal para un país cuya percepción del riesgo es una de las más altas del mundo. Mis compañeros de escuela en Europa se preguntaban si las calles de nuestras ciudades eran como las de Irak o Afganistán, y si las serpientes corrían por centenares en nuestros campos. No los culpo, nuestro Free Press es de los peores del mundo ya que la violencia es un fácil plato noticioso, y hacemos poco por contrarrestar la avalancha de noticias que provienen de nuestro país, basadas en el miedo.

Luego llegó el gobierno Juan Manuel Santos, que en cabeza de Claudia Hoyos lanzó La respuesta es Colombia, con la renovada ProColombia (un mejor nombre que ProExport) de la mano de las agencias Sancho/BBDO y DDB. Decidieron utilizar el código alfabético internacional ISO, que representa a Colombia por medio de la sigla CO. El ejercicio permite adaptarla a un sinnúmero de aplicaciones gráficas, de acuerdo con la necesidad. ¿La respuesta? Poca. Hoy la campaña ha virado hacia una nueva idea de Colombia realismo mágico y el uso de estrellas de la música como Carlos Vives, Fonseca y Juanes (¿Dónde anda Shakira?) que ha funcionado mejor, conectando el significante Colombia con significados positivos preexistentes como los de nuestros artistas y deportistas.

¿Para qué una marca país?

Una marca facilita las cosas para todos aquellos que tienen una relación directa o indirecta con ella. Intente vender un computador Made In Colombia contra uno Made In Korea o EEUU a ver qué tan fácil le queda. Los vendedores lo saben. Vender bajo el respaldo de una buena marca facilita enormemente alcanzar las metas, y una marca país no es la excepción. De hecho, las empresas colombianas de tecnología deberían tener, por lo menos, una oficina virtual en Korea o EEUU para timbrar sus tarjetas de presentación y así mejorar la percepción de calidad e innovación de sus productos. Es más económico aprovechar la percepción, que luchar contra ella.

Supongamos por un momento que Mark Zuckerberg o Larry Page y Serguéi Brin hubieran inventado a Facebook o Google siendo colombianos. Supongamos también que hubieran logrado superar las trabas administrativas, contables y tributarias propias de nuestro país. Si así hubiera sido, sus empresas no habrían pasado de ser una curiosidad más de lo que pueden hacer los habitantes de los países tropicales. La seriedad y el entusiasmo con los que fueron tomadas sus ideas, se debió en gran medida a la Marca País USA, que relacionamos fuertemente con la tecnología e innovación propias del Silicon Valley. Algunos dirán que hay pruebas de lo contrario, pero son tan escasas que más bien son la excepción que confirma la regla.

Así entonces, es claro que la estratégica de una marca país no debe estar encaminada sólo a promover el turismo sino también las exportaciones y las inversiones. La creación de la marca de territorio debe ser capaz de atraer empresas inversionistas y de aumentar las exportaciones de una región. Por ello, en la creación y gestión de una marca país se deben contar con el poder y el bienestar de los connacionales a partir de temas tan importantes como el desarrollo urbano, las políticas públicas y la administración de su imagen, de modo que puedan coordinarse conjuntamente estas tres líneas de trabajo:

  1. Productos y servicios
  2. Turismo
  3. Empresas e inversión

Diferencias comparativas y competitivas de Colombia

Las diferencias comparativas se dan naturalmente. Pueden estar relacionadas con la ubicación o el clima, y suelen ser débiles, mientras que las diferencias competitivas se construyen. Están relacionadas con la innovación y el desarrollo y suelen ser fuertes. Casi siempre que se habla de alguna estrategia de marca para Colombia se recurre a la diferencia comparativa de su ubicación geográfica y su biodiversidad, lo cual es bueno pero insuficiente. Hay que transformar estas diferencias comparativas en competitivas, desarrollando productos y servicios que nos agreguen verdadero valor y nos hagan difíciles de imitar por países de la región.

Singapur lo hizo atrayendo la inversión extranjera, tal como lo relata Richard H. K. Vietor en su libro Cómo compiten los países: «Aplicaron una estrategia que abarcaba distintos frentes. Para empezar tendría que pasar por delante de sus vecinos para ocupar un lugar preferencial en las operaciones comerciales y convencer a las empresas extranjeras de que trasladasen la producción al país y luego reexportasen los productos fabricados […] Singapur tendría que erigirse como un oasis del primer mundo en zona tercermundista. Las barreras al comercio y la inversión, que ya eran bajas, se eliminaron por completo […] Hacían falta infraestructuras adecuadas, un clima laboral tranquilo y un régimen monetario no inflacionista con tipos de cambio estables».


China es otro país que se ha convertido en todo un suceso mundial por medio del pragmatismo económico, alejando su ideología comunista de la práctica comercial. La frase de Deng Xiaoping que reza «a quién le importa que un gato sea blanco o negro, mientras cace ratones» se ha vuelto legendaria como ejemplo de la poca importancia de que deben tener las ideologías políticas en el nuevo contexto de los mercados globales. El gigante asiático es un buen ejemplo de directrices de Estado que se mantienen a través, no de años sino de décadas, y que despolitizan el control de la actividad económica y comercial por parte del gobierno, dejando que la iniciativa privada haga el resto.

¿Hacia dónde debe apuntar Colombia?

Colombia aún no genera una diferencia competitiva real, que le permita comunicar contundentemente su enfoque. Por eso no importa la campaña que desarrolle ProColombia o la geometría creativa que utilice en su logo. Al Ries, reconocido estratega de marketing, decía que Colombia debía erigirse como la Singapur latinoamericana, bajando a cero sus aranceles para que, aprovechando su diferencia comparativa, creara una diferencia competitiva como centro de integración y ensamble de cientos de empresas multinacionales. Este año, varias de ellas se han marchado de Colombia por los altos impuestos de la reciente reforma tributaria.


En términos geopolíticos, tenemos sólo dos dianas a las que disparar con propiedad. La biotecnología, que aprovecha nuestra inmensa biodiversidad, la segunda mayor en el mundo después de Brasil, y la industria del software, como animación y videojuegos, que aprovechan nuestra reputación al respecto en el exterior, gracias al excelente trabajo de un puñado de pequeñas y medianas empresas que trabajan en este prometedor horizonte. Es satisfactorio ver como en este aspecto caminan la Universidad Pontificia Bolivariana, con el nuevo pregrado de Animación y Videojuegos, y la Universidad Eafit, con el de Biología, que seguramente se integrará, a diferencia de lo que ha sucedido con los de las universidades públicas, con Ingenierías y Finanzas para trabajar en Biotecnología.

En resumen, Colombia necesita partir de sus diferencias comparativas para generar diferencias competitivas en campos como la biotecnología y el software, sin descartar la posibilidad de utilizar la maquila como un medio que genere ingresos en el corto y mediano plazo, y cuyos recursos nos permitan trabajar en estrategias de largo plazo. Las ciudades y los pueblos deben trabajar en el desarrollo urbano, con mejor vivienda y servicios públicos, transporte público y señalización de calidad, integrando el bilingüismo a la educación pública en todo momento y haciendo más competitivos los altos costos de nuestro oligopólico sistema financiero. Pero, por sobre todo, la marca Colombia necesita políticas públicas de largo plazo que permitan que el mensaje se mantenga durante la larga carrera que es construir una marca país competitiva.