No todos podemos ser influencers (y las empresas deberían dejar de exigirlo)

Exponer a los empleados como si fueran influencers no es cultura digital, es presión laboral disfrazada de tecnología.

Muchas personas no se sienten cómodas frente a una cámara y un micrófono, y no tienen por qué estarlo. Sin embargo, cada vez más organizaciones (especialmente las más pequeñas, que sienten con más fuerza la presión de «estar presentes» en redes) han comenzado a exigirle a sus equipos que participen abiertamente en video para las cuentas de la empresa.

El error de fondo: confundir cultura digital con presencia obligatoria en cámara

Personas sin formación, sin interés y, sobre todo, sin ningún gusto por las cámaras terminan haciendo de tripas corazón para cumplir con la solicitud del jefe de turno: «necesitamos contenido para redes». El problema no es la petición en sí, sino la forma en que se hace: casi nunca viene acompañada de capacitación real. La mayoría de las empresas no contratan a nadie que ofrezca siquiera los elementos básicos para desenvolverse frente a una cámara. Se pide el resultado sin construir la habilidad.

Esto no quiere decir que las organizaciones no tengan talento oculto —seguramente lo tienen—, sino que lo que ocurre con frecuencia es distinto: personas que se sienten obligadas a hacer algo que, sencillamente, no quieren hacer.

Ser influencer es un trabajo, no un hobby

Existe la creencia equivocada de que ser presentador, comunicador o influencer es cuestión de dejar fluir la espontaneidad. La realidad es que es un oficio con estrés, métricas que revisar, ediciones interminables y comentarios pasivo-agresivos a las dos de la mañana. Requiere: comunicación clara, manejo de cámara, lenguaje corporal y storytelling. Y, además de todo eso, una dosis considerable de tolerancia al juicio público.

No confundamos las cosas: ser buen vendedor no te hace buen comunicador digital. Ser crack en logística no te convierte en microinfluencer. Y tener carisma en las reuniones internas no te vuelve automáticamente capaz de hablarle a una cámara con naturalidad. Son habilidades distintas, y tratarlas como intercambiables es la raíz del problema.

Lo que realmente genera forzar a alguien frente a cámara

Ansiedad. No todo el mundo está cómodo con su imagen pública, y eso es completamente válido.

Vergüenza. Esa sensación incómoda de «¿por qué estoy haciendo esto si yo vine a trabajar en talento humano, no a hacer playback de Karol G?»

Tensión. Porque en toda oficina hay alguien que se lo toma demasiado en serio, dirige la escena, repite tomas y pide «vamos a hacerlo de nuevo, pero con más energía». Spoiler: nadie quiere hacerlo de nuevo.

Y el peor efecto de todos: el contenido se vuelve artificial. Se nota. El público lo percibe, porque el ojo digital es implacable —identifica de inmediato cuándo un video se grabó por entusiasmo genuino y cuándo se grabó por miedo al jefe.

Entonces, ¿qué sí pueden hacer las empresas?

Si grabar un TikTok no puede convertirse en el nuevo «cumpleaños de oficina obligatorio», aquí va el manifiesto de las alternativas inteligentes (no incluye bailes virales ni desafíos con papel higiénico).

1. Identificar talentos internos reales. Siempre hay alguien que sí quiere y sí puede: la persona que habla bien en público, que graba con naturalidad, que hace chistes en las reuniones y logra que todos se rían de verdad, no por compromiso. En lugar de obligar a todo el equipo, potencia a quien ya tiene esas habilidades. No necesitas treinta voceros desmotivados; necesitas uno con autenticidad.

2. Ofrecer talleres voluntarios de comunicación digital. Voluntarios: esa es la palabra clave. No «capacitaciones obligatorias de influencers internos», sino espacios donde quien quiera aprender a manejar la voz, pensar en contenido y perder el miedo a la cámara pueda hacerlo. Formar embajadores de marca no es apretar un botón; es encender un interés genuino, y eso no se impone.

3. Usar voceros profesionales, actores o animación. Si lo que se busca es contenido bien producido, con ritmo y carisma, la solución es contratar a alguien que se dedique justamente a eso: un actor, una presentadora, un creador de contenido. También existen las animaciones, el stop motion o la inteligencia artificial. Hay cien maneras de contar una historia sin sacrificar a tu equipo de ventas en el altar del algoritmo.

4. Respetar los límites personales. No todos quieren salir en redes. No todos se sienten cómodos con su imagen, con su voz o con la mirada pública, y ninguna estrategia de contenido debería depender de ignorar eso.

La presencia digital de una marca no se construye incomodando a quien no quiere estar frente a cámara. Se construye identificando a quien sí quiere, formándolo bien, y respetando —sin excepción— a quien prefiere aportar su talento desde otro lugar. Cultura digital no es sinónimo de cámara encendida para todos; es, sobre todo, saber elegir bien las batallas de contenido que vale la pena dar.

Análisis de marketing político de las campañas presidenciales 2026 en Colombia

Hay un dato que resume mejor que ningún otro el giro que dio esta campaña presidencial: los candidatos abandonaron los debates televisivos tradicionales y trasladaron la batalla a plazas públicas, redes sociales y algoritmos de inteligencia artificial. Es un cambio de canal, sí, pero también un cambio de lógica. Ahora más que el debate, se privilegia el espectáculo.

Analizada con una mirada de estrategia de marca y psicología del consumidor —o en este caso, del votante— esta campaña ofrece un caso de estudio especialmente rico. Cada candidato ejecutó, consciente o inconscientemente, un posicionamiento de marca distinto, con su propio arquetipo, su propio gancho psicológico y su propia vulnerabilidad estructural.

El mapa de posicionamientos

Antes de entrar candidato por candidato, vale la pena ver el tablero completo con estereotipos, públicos, ganchos y vulnerabilidades:

CandidatoEstereotipoPúblico primarioGancho psicológicoVulnerabilidad
Iván CepedaFilósofo revolucionarioJóvenes, indígenas, afrodescendientes, sectores ruralesContinuidad izquierda e inclusión históricaFatiga del cambio y dudas sobre gestión del gobierno actual
Paloma ValenciaLideresa pragmáticaClase media urbana, empresarios moderados, mujeresSeguridad y liderazgo femeninoPolarización, cultura machista y asociación con el uribismo
Abelardo de la EspriellaAutoritario tecnocráticoEmpresarios, militares, clase alta o baja aspiracionalOrden / recuperar el control perdidoFragilidad en el discurso y clientes con vínculos delincuenciales en su bufete legal
Sergio FajardoMaestro racionalIntelectuales, profesionales educadosRazón y escape a la polarizaciónInvisibilidad en el ruido político y actitud arrogante

Cada estereotipo no es casual: responde a una lectura de qué necesidad emocional no resuelta puede capturar cada candidato en su segmento. No utilizamos el término «arquetipo» pues suele usarse de forma indiscriminada y no bajo la rigurosidad que implica el modelo junguiano que estructuro la teoría.

Iván Cepeda: la estrategia de la retención, no de la conquista

Con cerca del 40% de intención de voto, según el promedio de encuestas, Cepeda lidera con comodidad, pero su arquitectura de campaña revela algo importante: su mensaje central no busca convencer votantes nuevos, busca retener a quienes ya votaron por el cambio en 2022.

Su táctica de comunicación es defensiva por diseño: minimiza entrevistas con medios tradicionales y prioriza medios alternativos, evitando así lo que podríamos llamar la «trampa del debate», ese terreno donde el establishment mediático termina definiendo al candidato en sus propios términos. En su lugar, apuesta por presencia territorial: plazas públicas, periódicos de campaña impresos y distribuidos masivamente, y el símbolo de la «minga» recorriendo el país.

Desde el punto de vista de marca, es una jugada coherente pero riesgosa: construir sobre la base ya conquistada, sin invertir en adquisición de nuevos segmentos, funciona mientras la base no se erosione. El riesgo es la fatiga.

Paloma Valencia: ambigüedad estratégica como activo

Valencia es la candidata que más ha crecido en las encuestas recientes, acercándose al 18% de intención de voto. Su estrategia combina tres capas de comunicación trabajando en simultáneo:

  • Un mensaje técnico, con un plan de gobierno estructurado en torno a «bombas a desactivar».
  • Un mensaje emocional, condensado en el hashtag #OjoConPaloma, donde «ojo» funciona con doble lectura: cuidado, atención y advertencia frente a Cepeda.
  • Una plataforma de cocreación llamada «Sumando por Colombia», donde los ciudadanos aportan insumos para el plan de gobierno. Es marketing participativo: el votante siente que está construyendo el programa junto a ella, no solo recibiéndolo.

Su vulnerabilidad, sin embargo, es clásica de cualquier estrategia construida sobre polarización antes que sobre entusiasmo propio: si crece el atractivo de otro candidato de oposición, ella pierde terreno, porque buena parte de su respaldo funciona como voto de contención más que como voto de convicción.

Abelardo de la Espriella: el mensaje de la frustración

De la Espriella ocupa el segundo lugar con poco más de un 20% de intención de voto, ha capturando un electorado que podríamos describir como de frustración y demanda de autoridad. Su comunicación se dirige de forma directa al sector empresarial, con un tono de mayor distancia frente al público general y un énfasis constante en seguridad y orden.

Aquí aparece la paradoja más interesante de toda la campaña: su segundo lugar es, en términos de estrategia electoral, el más frágil de todos. En los escenarios de segunda vuelta frente a Cepeda, es el candidato que pierde por el margen más amplio. Tener buena posición en primera vuelta no equivale a tener buena posición en el cierre del embudo.

Sergio Fajardo: el problema de posicionarse en el centro

Fajardo enfrenta el reto clásico de cualquier marca que decide no polarizar en un mercado polarizado: terminar siendo percibida como indefinida. Su mensaje —»si seguimos el camino de los extremos, vamos a una hecatombe social»— posiciona tanto a la izquierda como a la derecha dura como las opciones peligrosas, apostando por la racionalidad como diferencial.

El propio candidato ha reconocido su error estratégico de 2022: no haber entendido a tiempo la potencia de las redes sociales. En esta campaña compensa con una estrategia digital más agresiva —videos, entrevistas abiertas, respuestas directas a las críticas—, apostando por la transparencia como argumento de marca. Pero con apenas 2,5% de intención de voto, el diagnóstico es claro: la polarización del mercado ya jugó en su contra antes de que pudiera comunicar su propuesta.

Claudia López: el costo de no tener mensaje

El caso de López es, desde el marketing, el más ilustrativo sobre la falta de posicionamiento. Su concepto siempre ha estado asociado a la lucha contra la corrupción, pero su cercanía con el gobierno Petro y su silencio antes los escándalos de corrupción del actual mandatario, le pasan factura, aunque intente tomar distancia. Su estrategia de relanzamiento —la «Consulta de las Soluciones»— le permitió reactivar su participación en el debate público después de estar rezagada en las encuestas.

Además, su propuesta —seguridad con enfoque social, desarrollo económico y superación de la polarización— ocupa prácticamente el mismo territorio de marca que Fajardo, solo que con menos tiempo de construcción de credibilidad en ese eje específico. El resultado en intención de voto sugiere que ambos terminarán dividiendo, en lugar de sumar, al mismo segmento de centro.

Lo que esta campaña enseña sobre comunicación de marca

Más allá de quién gane, hay lecciones aplicables a cualquier estrategia de marca:

  • El posicionamiento tardío es estructuralmente débil. No importa qué tan buena sea la propuesta si el mercado —o el electorado— ya distribuyó su atención entre otros actores.
  • La ambigüedad estratégica puede ser un activo, siempre que se maneje con disciplina: hablarle a distintos públicos con mensajes distintos, sin contradecirse, es difícil pero efectivo.
  • Construir sobre retención tiene techo. Apostar únicamente por consolidar la base ya conquistada, sin plan de expansión, es una estrategia que funciona hasta que deja de funcionar.
  • El lugar en el ranking no garantiza el resultado final. Igual que en cualquier embudo de conversión, la posición en la etapa intermedia no predice automáticamente quién gana en la etapa final.

En últimas, esta campaña confirma algo que ya sabíamos desde el marketing de marcas en NARANJO+CÁLAD: la comunicación política y la comunicación comercial comparten mucho más terreno del que solemos admitir. Estereotipos, ganchos psicológicos, segmentación de audiencia y gestión de vulnerabilidades de marca no son solo herramientas de negocio sino que son, cada vez más, el lenguaje con el que se libra también la batalla electoral.

El consumidor antioqueño en 2026: lo que las marcas no están viendo

Una radiografía actualizada de hábitos, miedos, contradicciones y oportunidades de un mercado que se transformó más rápido de lo que la publicidad local ha podido seguir.

Cada dos años publicamos el Perfil del Consumidor Antioqueño porque la región que imaginan muchas agencias y gerentes de marketing —emprendedora, religiosa, orgullosa de su acento— ya no coincide con la que vive en los datos. La versión 2026 es la más urgente que hemos escrito.

«El antioqueño promedio de la publicidad no existe en la demografía real del departamento.»

El contexto que lo cambió todo

El rebote postpandemia terminó. Lo que en 2023 era el regreso entusiasta a conciertos y restaurantes, en 2025-2026 se consolidó en un nuevo equilibrio: el antioqueño ya integró el comercio electrónico como rutina, no como novedad. Pero el período inflacionario dejó una cicatriz cognitiva que va más allá de los precios: instaló un hábito de comparación compulsiva y desconfianza hacia los precios de lista que persiste, aunque la inflación ya cedió.

75%
Penetración de internet en Antioquia

81%
Desaprobación de Petro en Medellín (Invamer)

37%
De compras concentradas en los primeros 10 días del mes

La IA que nadie ve, pero que ya decide

El impacto de la inteligencia artificial en el consumo antioqueño no es un fenómeno del futuro. Un segmento creciente de consumidores —especialmente los perfiles más conectados— usa ChatGPT, Perplexity o Google Gemini para preguntar lo que antes le preguntaba al vendedor. La respuesta que da la IA está desplazando silenciosamente la conversación de venta.

Las consecuencias son tres. Primero: las marcas sin autoridad verificable en contenido digital sencillamente desaparecen de la consideración sin que el consumidor lo note. Segundo: el argumento del vendedor ha perdido poder; lo que gana es la reputación verificable. Tercero: el consumidor que ya experimentó la personalización de la IA tiene tolerancia cero hacia experiencias genéricas: el correo masivo, el catálogo igual para todos.

En el punto de venta físico, el rol del asesor migra de «informador» a «validador emocional». Ya no se le pide que explique características técnicas: eso lo hace la IA mejor. Se le pide que genere confianza, que confirme la decisión, que aporte la dimensión humana que la pantalla no puede dar.

Seis tendencias invisibles que su estrategia ignora

1. El lujo silencioso

Un segmento de 30 a 45 años consume con discreción total. Calidad sin logos, experiencias sin Instagram. No es austeridad: es sofisticación que la publicidad aspiracional no sabe cómo capturar.

2. Salud mental como categoría de consumo

Apps de bienestar, retiros de desconexión y productos para el manejo del estrés: ya es una categoría de consumo con la naturalidad con que antes se consumía el gimnasio. El estigma desapareció.

3. El consumidor binacional

La diáspora antioqueña en Miami, Madrid y Ciudad de México sigue comprando marcas locales y regresa con estándares formados en otros mercados. Es un evangelizador o un detractor de alto impacto que casi ninguna estrategia local considera.

4. La economía de WhatsApp

Una parte enorme del consumo en estratos 1 al 3 ocurre hoy fuera de los canales formales pero digitalizado: Instagram como catálogo, Nequi como caja, moto como bodega. Ignorarlo porque no encaja en los modelos de distribución tradicionales es perder un mercado masivo.

5. Solos y con perrhijos

Hogares unipersonales en expansión. La familia nuclear —papá, mamá, dos hijos, carro— es estadísticamente minoritaria, pero sigue siendo la protagonista de la mayoría de la publicidad antioqueña. Esa brecha es una oportunidad enorme para quien la vea.

6. Los Terrícolas 2.0

Un nuevo perfil que se identifica más con comunidades globales de interés —gamers, trail runners, aficionados al K-pop— que con su municipio o estrato. Son difíciles de alcanzar con medios masivos y extremadamente leales a las marcas que logran entrar en su comunidad de manera auténtica.

Las urnas como espejo del consumidor: elecciones al Congreso 2026

Los resultados del 8 de marzo revelan un mapa político que dice más sobre la psicología regional que cualquier encuesta de marca. En Antioquia, el Centro Democrático fue la primera fuerza en Cámara con el 32,5% de la participación (741.378 votos). El Pacto Histórico fue segundo pero creció más de 166.000 votos respecto a 2022. Creemos obtuvo dos curules en Cámara y ninguna en Senado. En la consulta presidencial, Paloma Valencia obtuvo el 60% de los votos en el departamento, quintuplicando al segundo lugar.

Lo que las urnas confirman es que Antioquia es un departamento partido en dos visiones del mundo que se comunican cada vez menos entre sí. Detrás de esa polarización hay una narrativa cultural profunda que mezcla valores legítimos —trabajo duro, familia, seguridad— con los sedimentos de una cultura del dinero sin controles que el narcotráfico instaló durante décadas.

El discurso de autoridad funciona en Antioquia. Los políticos más exitosos del departamento y las marcas más exitosas comparten una característica: proyectan pertenencia y seguridad, no deliberación ni matices.

Los cinco perfiles del consumidor antioqueño en 2026

  • Análogos: Solventes y subatendidos. Propietarios de vivienda, pensionados, ingresos estables. El mercado con mayor poder de compra que la publicidad ignora sistemáticamente.
  • Espectadores: Consumen lo que sus hijos les recomiendan. El hijo conectado como prescriptor del padre espectador es una dinámica que muy pocas estrategias de marketing explotan.
  • Conectados: El perfil más heterogéneo. Se divide entre quienes ya adoptaron la IA como herramienta cotidiana y quienes la conocen pero no la usan. Esta brecha interna es nueva y relevante.
  • Líderes: Desconfían de los influencers de primer nivel. Confían en micro-creadores de nicho con alta autenticidad. La era del influencer masivo está cediendo.
  • Terrícolas: Perfil emergente. Su consumo lo define su tribu de interés global, no su estrato ni su municipio. Difíciles de alcanzar con medios masivos, extremadamente leales si los alcanzas.

«Los terrícolas se identifican más con comunidades globales de interés. Son difíciles de alcanzar con medios masivos y extremadamente leales a las marcas»

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«No se habla de Bruno»: por qué sí deberíamos hablar de política (sin odiarnos)

“Nuestra vida comienza a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas que importan.”
Martin Luther King

En el contexto de la película de Disney Encanto, «no se habla de Bruno» porque sus visiones del futuro solían calificarse de catastróficas, aunque resultaran ciertas. Lo que llevó a su familia y al pueblo a culparlo por las desgracias que predecía y pretendiendo evitarlas ingenuamente con el silencio. Algo similar nos sucede con la política.

El refrán popular completo suele ser: «En la mesa no se habla de política, religión y fútbol». Esta norma de etiqueta tradicional busca evitar conflictos, discusiones acaloradas y tensiones familiares durante las comidas, promoviendo un ambiente armonioso, aunque a veces se incluyen otros temas como el dinero o el sexo. 

En inglés se registra desde el siglo XIX la regla de cortesía “never discuss religion or politics”, citada en textos de comportamiento social desde al menos 1840 y 1879.​ Se formulaba como consejo general de etiqueta: en la mesa, en los negocios o en la barbería, evitar esos temas para no provocar discusiones.

  • Fútbol: Es el tercer pilar habitual, mencionado frecuentemente por la pasión y el fanatismo que genera.
  • Temas adicionales: En algunas variantes, también se desaconseja hablar de dinero (situación económica), salud/enfermedades o críticas a otras personas.

Algunos autores sospechan que dictaduras y regímenes autoritarios aprovecharon y reforzaron esta regla para desincentivar el debate ciudadano sobre temas sensibles como religión y política. Sin embargo, esto se presenta como interpretación histórica o conjetura, no como un origen comprobado con una fecha, un país o un autor específico.

De dónde viene esa norma

Parece ser una tradición particular que se generalizo por las acaloradas discusiones que sueles conllevar. Es un dicho muy extendido aquello de que “en la mesa no se habla de política, ni de religión, ni de fútbol”.

Se supone que busca evitar discusiones acaloradas: religión y política tocan identidad, valores y lealtades profundas, por eso suelen vivirse como ataques personales. Pretende cuidar las relaciones familiares y de amistad, sobre todo en contextos muy polarizados donde es fácil que una cena termine en pelea. Y en entornos grandes (chats, grupos de vecinos, reuniones mixtas) se fijan reglas explícitas de “ni religión ni política” para mantener la convivencia básica.​

Costos ocultos de ese tabú

Pero este tabú entraña unos altos costos sociales. El primero, y más evidente, es que debilita la formación ciudadana: si no se habla de política ni en la mesa ni en la escuela, se le niega a la gente espacios para aprender a participar y opinar. El segundo es que perdemos profundidad cuando evitamos los temas que de verdad estructuran la vida (poder, justicia, sentido, creencias) y nos quedamos en conversaciones superficiales. Y el tercero, y no menos importante, es que aunque no se hablen en casa, las decisiones políticas y religiosas siguen impactando a personas reales en su día a día.

Esto evidentemente conviene al status quo, es decir, los políticos de siempre con sus las campañas llena de recursos y los poderes establecidos como son la religión (de la cual tampoco se habla) y el poder corporativo.

Por qué sí valdría hablar de religión y política

Nuestra propuesta en CEREBRO Y MARCA es que vale la pena hablar también en espacios públicos y privados, de estos temas que influyen en casi todo: derechos, economía, género, educación, guerra y paz; dejar de hablarlos es renunciar a entender el mundo.

Las investigaciones sobre polarización muestran que muchas personas han cambiado de opinión tras conversaciones respetuosas con quien piensa distinto; es decir, debatir bien sí sirve y varios autores y organizaciones defienden que no deberían ser tabú, sino oportunidades para practicar escucha activa, empatía y pensamiento crítico.

Carlos Naranjo: la psicología del consumidor llega al Senado de Colombia

Durante décadas, la política colombiana ha estado dominada por la creación de normas basadas en la sanción, el castigo y la vigilancia. Sin embargo, las ciencias del comportamiento y la psicología del consumidor han demostrado que las personas rara vez cambian su conducta únicamente por la imposición de reglas. En este contexto surge la candidatura al Senado de la República de Carlos Naranjo, psicólogo y publicista, quien propone una visión distinta: construir políticas públicas basadas en la comprensión profunda de cómo piensan, sienten y deciden los ciudadanos.

Un puente entre la investigación de mercados y la toma de decisiones públicas

Carlos Naranjo es fundador de EN MENTTE, firma especializada en comportamiento del consumidor y estrategias basadas en insights psicológicos. Desde este espacio ha trabajado de cerca con agencias de investigación de mercados en Colombia, entendiendo cómo se construyen los estudios que permiten descifrar las motivaciones reales detrás de las decisiones de compra, fidelidad de marca y hábitos de consumo.

Esta experiencia no solo le ha permitido analizar datos, sino interpretar comportamientos humanos en contextos reales. El trabajo con estudios cualitativos y cuantitativos le ha dado una visión privilegiada sobre cómo los colombianos toman decisiones en su vida cotidiana, información que resulta altamente valiosa cuando se traslada al diseño de políticas públicas.

En un país donde muchas leyes fracasan porque no consideran la conducta real de las personas, la experiencia de Naranjo propone un cambio de paradigma: legislar entendiendo al ciudadano como un ser influenciado por emociones, sesgos cognitivos, contexto social y estímulos ambientales.

Formación académica y liderazgo en educación del comportamiento del consumidor

El aporte de Carlos Naranjo al campo académico también ha sido significativo. Como docente universitario en psicología del consumidor, ha formado a múltiples generaciones de profesionales en marketing, publicidad y comportamiento humano aplicado a la toma de decisiones.

Su trayectoria académica alcanza un punto destacado con su rol como constructor del pensum y director del Máster en Neuromarketing y Comportamiento del Consumidor de OBS Business School, uno de los programas especializados que integran la neurociencia, la economía del comportamiento y la psicología aplicada al marketing estratégico.

Desde este espacio, Naranjo impulsó una formación que supera la visión tradicional del consumidor racional, incorporando modelos científicos que explican cómo las personas procesan la información, construyen preferencias y toman decisiones muchas veces guiadas por heurísticas y atajos mentales.

También es fundador de C3 – Colegio de Ciencias del Comportamiento y de la firma de marketing Naranjo+Cálad. Este enfoque empresarial y académico representa una ventaja diferencial para la construcción de leyes, ya que permite diseñar normativas alineadas con la manera real en que los ciudadanos responden a incentivos, mensajes institucionales y campañas públicas.

Persuasión antes que sanción: una propuesta desde la economía del comportamiento

Uno de los pilares centrales de la propuesta de Carlos Naranjo al Senado es la necesidad de migrar hacia un modelo legislativo basado en la persuasión. Las investigaciones en ciencias del comportamiento han demostrado que los cambios sostenibles en la conducta social suelen lograrse mediante estrategias que facilitan la toma de decisiones correctas, más que a través del castigo.

Este enfoque, inspirado en conceptos como los “nudges” o empujones conductuales, plantea que el Estado puede diseñar entornos que orienten a los ciudadanos hacia comportamientos beneficiosos para la sociedad sin restringir su libertad de elección. Ejemplos de estas estrategias se han aplicado con éxito en temas como el pago de impuestos, la seguridad vial, el ahorro pensional y el consumo responsable.

La visión de Naranjo busca que el Senado colombiano incorpore evidencia científica en la construcción de leyes, entendiendo que la regulación no debe limitarse a imponer obligaciones, sino a generar condiciones que faciliten comportamientos ciudadanos positivos.

La oportunidad de un Senado con enfoque en el comportamiento humano

La candidatura de Carlos Naranjo representa la posibilidad de integrar el conocimiento de la psicología del consumidor al diseño de políticas públicas. En un entorno donde el marketing ha aprendido a influir en decisiones masivas mediante el entendimiento profundo del comportamiento humano, su propuesta plantea que el Estado también puede beneficiarse de estas herramientas para mejorar la efectividad de sus políticas.

Desde su experiencia en investigación de mercados, docencia universitaria y desarrollo académico en neuromarketing, Naranjo propone un Senado que legisle con base en evidencia científica, análisis conductual y comprensión real de los ciudadanos.

En una sociedad cada vez más compleja, donde la información y los estímulos compiten por la atención de las personas, el conocimiento sobre cómo funcionan las decisiones humanas puede convertirse en un factor determinante para construir políticas públicas más efectivas, humanas y sostenibles.

La llegada de perfiles como el de Carlos Naranjo al Senado podría marcar el inicio de una transformación en la forma en que Colombia diseña sus leyes: pasando de un modelo centrado en el control, hacia uno enfocado en comprender y persuadir, reconociendo que el cambio social comienza entendiendo cómo piensan y actúan las personas. Para seguir de cerca la campaña y conocer más, visite el sitio web www.carlosnaranjo.co.